Archivo histórico · 1.918 ejemplares y 70.340 notas, de 1964 a 2026 ← Volver al diario
politicaobrera.com Archivo de Política Obrera
Prensa Obrera › Prensa Obrera · enero a junio de 2019

Prensa Obrera · enero a junio de 2019

Lo último que la corriente alcanzó a publicar en el diario. No existió un ejemplar así: el archivo agrupa acá lo que quedó de ese año, sin facsímil.

3 de enero de 2019 · 12 notas

Notas de este número

3 de enero de 2019
Bolsonaro asumió rodeado de carros blindados

El 1° de enero se inauguró el período presidencial de Jair Bolsonaro. Hace dieciséis años, el arribo de Lula Da Silva fue interpretado, también, como un viraje en la historia política de Brasil. Entre uno y otro acontecimiento sobresale un hilo conductor estratégico por encima de la evidente diferencia de las tentativas políticas entre uno y otro. Lula llegó al gobierno en el marco de la enorme sacudida que desató la crisis asiática de 1997, que luego de pasar por Rusia se alojó en Sudamérica con las devaluaciones del real brasileño y de los pesos de Argentina y Uruguay, y el derrumbe de la convertibilidad. Desde entonces, la crisis capitalista internacional ha escalado varios peldaños; 2018 cierra con caídas bursátiles enormes y, por sobre todo, con otros episodios decisivos como lo son la desintegración de la Unión Europea, que se manifiesta en el impasse del Brexit, en la bancarrota próxima de Italia y en la rebeldía popular en Francia y Hungría contra los planes de ajuste. El FMI pronostica un retroceso económico para el año que se inicia, que bordea la recesión, con un epicentro en China. En América Latina prosigue la presión de la fuga de capitales, en tanto que en el plano político el gobierno macrista camina por el precipicio en Argentina, y los partidos tradicionales de México acaban de sufrir una rotunda paliza a manos de una fuerza emergente de características nacionalistas y populistas, que encabeza López Obrador. Al igual que la experiencia petista, la de Bolsonaro debe encuadrarse en la perspectiva de un desarrollo mayor de la crisis mundial. Lula y Bolsonaro Bolsonaro y Lula se encuentran entrelazados también por una relación contradictoria. A nadie se le escapa, a esta altura del desarrollo de la crisis política en Brasil, que la victoria de esta mediocridad fascistizante que es Bolsonaro, es un resultado del fracaso de la tentativa política petista. En la década y media de gobiernos encabezados por el PT, el régimen capitalista no fue afectado en lo más mínimo -todo lo contrario. Brasil abrió las puertas a un ingreso gigantesco de capitales internacionales, que bombearon la economía nacional a fuerza de un endeudamiento gigantesco- tanto internacional como interno. La ‘redistribución del ingreso’ resultó una farsa porque fue financiada por los mismos contribuyentes, de ningún modo a costa del capital. En este período debutó la ‘reforma previsional’ que Bolsonaro pretende llevar ahora a sus últimas consecuencias. Cuando el viento de cola comenzó a amainar, la crisis resultante fue endilgada a los trabajadores, con políticas de ajuste. En el jolgorio de los grandes negocios capitalistas, la cúpula petista se adjudicó coimas diversas y millonarias junto a sus aliados políticos patronales, ya que en todo momento el PT gobernó en coalición con ellos -o sea, que careció de la más mínima independencia de clase. La consigna de bautismo del PT -“trabalhador vota trabalhador”- se hizo añicos. Fueron estos gobiernos de coalición los que re-introdujeron a las fuerzas armadas en la política brasileña, al asignarles la “lucha contra el narcotráfico”. Ignorando este balance político, aparecen ahora los académicos de ocasión que atribuyen el ascenso de Bolsonaro a una suerte de derechización ciudadana. Cuando se agote esta experiencia encontrarán otra fórmula de paso para continuar con esta manipulación ideológica. Ajustador y reaccionario El gabinete que ha designado Bolsonaro es el más reaccionario de la historia de Brasil. No solamente tiene más ministros militares que los que albergó el gobierno del golpe militar de 1964, sino que las otras carteras están ocupadas por fascistas concientes o disimulados. El centro de gravitación lo ocupa, sin embargo, el ministro de Economía, Pablo Guedes, un ‘liberal’, como ya ocurriera en el pasado con la mayoría de las dictaduras que conoció América Latina. El ministerio de Guedes equivale a un gobierno paralelo, debido a la cantidad de ministerios que se han puesto bajo su mando -Producción, Comercio, Trasporte, Trabajo y otros. Como advirtió un columnista muy leído del Financial Times, el desafío fundamental de Guedes es desmantelar el régimen de previsión social y establecer un sistema de capitalización -no alcanza con recaudar 200 mil millones de dólares por privatizaciones, que luego se esfumarán por el despilfarro estatal. El empeño en ese desmantelamiento constituirá, sin duda, ‘la madre de todas las batallas’ del próximo gobierno. Guedes se propone, asimismo, quebrar el sistema de protección comercial de la industria, para abrir paso al capital internacional. Este ministro es una suerte de adversario del ‘círculo rojo’, como denominan en Argentina a la ‘patria contratista’, con la finalidad de reforzar la acumulación capitalista a través del llamado “mercado de capitales”. Desde el ascenso del gobierno de Temer, la privatización del petróleo ha avanzado mucho, en especial por la apertura de las licitaciones al capital extranjero. De acuerdo con los medios de comunicación, el alto mando militar admitiría la privatización de las empresas satélites de Petrobras, pero no ella misma. Es lo que parece ocurrir con la ‘joya’ industrial brasileña, la aeronáutica Embraer, que privatizaría en forma parcial su sector comercial. En materia laboral, el choque que se avecina no es menos decisivo, porque la reforma ya aprobada por el Congreso, tiene por delante la aplicación en los grandes conglomerados económicos, donde se encuentran vigentes los convenios colectivos. El “contrato individual” y el “trabajo intermitente” colisiona con los derechos de los trabajadores de las grandes empresas, y por más contorsiones que haga la burocracia sindical, como ha ocurrido hasta ahora, para conciliar la defensa de su status con la política destructiva del gobierno, la pelea está planteada. Diseño de ofensiva Bolsonaro sostiene este programa de ‘ajuste’ a pesar de una trayectoria de pronunciamientos ‘nacionalistas’; no le cuesta, como se ve, acomodarse a cualquier realidad, aunque deberá arbitrar los conflictos inevitables que provocarán las privatizaciones, la desprotección industrial y los choques por el manejo del mercado de capitales. El programa de cuño propio del nuevo mandatario es, sin embargo, absolutamente reaccionario y potencialmente fascista. El planteo de erradicar la influencia democrática y de izquierda en la educación es, por su alcance, un llamado a la guerra civil; lo mismo vale con relación al combate contra los derechos que reclama el movimiento de mujeres, lo cual involucra también a la salud. Bolsonaro tiene el problema, eminentemente táctico, de si va a atacar en todos los frentes al mismo tiempo, con el riesgo de que cualquier dilación desgaste su base de apoyo social. Sus sostenedores capitalistas ya han comenzado ataques agrarios para echar a los trabajadores del campo de sus tierras o perseguirlos por su actividad de organización. Brasil podría re-ingresar en un período de semi-guerra civil en el campo. En los últimos días se anunció que demoraría el proyecto de guerra contra la educación. Sin embargo, reconfirmó el proyecto que autoriza la portación de armas y la doctrina Chocobar, que protege a las fuerzas represivas que asesinen ciudadanos corrientes. En el marco del conjunto de su política, esto es un paso hacia el fascismo, porque apunta claramente a facilitar la organización de bandas armadas. La tendencia fascistizante del nuevo gobierno no puede ser ignorada cuando se tiene en cuenta la dimensión de la guerra social que ha anunciado. Esto debe ser señalado incluso si no reúne aún, ni llegue a reunir realmente, los recursos políticos necesarios para imponerse a una resistencia y a una rebelión popular. Cotejado con sus ambiciones, el gobierno de Bolsonaro es débil. La consagración de Bolsonaro ha abierto un nuevo frente en la crisis internacional, esto porque se entrelaza con el gobierno y la política de Trump. Por de pronto, ya ha ratificado su alianza política y militar con el sionismo, a pesar de que podría provocarle la pérdida de mercados importantes en el espacio económico árabe. Probablemente ya ha conversado el asunto con estos regímenes, que cada día más se convierten en aliados del Estado sionista. La intención de acabar con el gobierno de Venezuela ha sido planteada en forma abierta, lo cual plantea un choque con China y con Rusia, que sostienen a Maduro. Habrá que explorar si existe alguna negociación de conjunto con estos para abreviar el mandato del régimen venezolano, algo que es previsible a la luz de tantos giros de la política mundial en los últimos meses. La cuestión de China, sin embargo, transita por otro carril más, que es el de la guerra económica internacional. Trump ha extendido esta lucha a toda América Latina. Como se puede apreciar, Bolsonaro empieza su gobierno en un marco de convulsiones y crisis en todos los campos, de ahí que su desarrollo tendrá un impacto fundamental en la crisis política que atraviesa a América Latina. Brasil inaugura un gobierno reaccionario en grado de tentativa. Si se cotejan sus posibilidades con lo ocurrido con el macrismo en Argentina, por una parte, o con la enorme crisis política que ha desatado en Estados Unidos la gestión de Trump, por la otra, es claro que la caracterización de la etapa que pretende abrir el ascenso de Bolsonaro está condicionada. La izquierda Todo indica que la izquierda brasileña ingresa en este nuevo período en un grado avanzado de desmoralización. Boicoteará la ceremonia de asunción del proto-fascista, simplemente por necesidad. No ha ofrecido hasta ahora un balance de lo ocurrido ni menos una política o programa. Ha decidido dejar la iniciativa a Bolsonaro y a los militares y a otear las divergencias que puedan emerger en el ‘trío fantástico’ del flamante gobierno –Guedes-militares-clan fascista. El PT se refugiará en el parlamento, donde buscará tejer alianzas en nombre de un Frente Democrático. La izquierda brasileña que se mantiene en un terreno de lucha de clases debería proceder de otro modo y convocar a un inmediato debate a partir de planteos y programas. El análisis político debe desplazar al impresionismo. A este debate debe ser convocado todo el activismo obrero, femenino y juvenil. La izquierda latinoamericana en su conjunto enfrenta la obligación de discutir una política continental, frente a experiencias tan contradictorias como la mexicana, de un lado, y la brasileña, del otro, y también frente a la de Argentina, potencialmente la más explosiva de todas -más las insinuaciones de guerra frente a Venezuela o la crisis migratoria de Centroamérica y México, de un lado, y Estados Unidos, del otro. La carta más fuerte de Bolsonaro, los militares y los ajustadores es la falta de rumbo de la izquierda y los sindicatos. Una caracterización de lo que será el gobierno de Bolsonaro sólo puede hacerse en forma aproximativa. En tanto prepara una ofensiva contra los trabajadores, se moverá siguiendo una línea de arbitraje de características peculiares. Se presenta como un semi-bonapartismo de coalición entre el bolsonarismo, el neoliberalismo y los militares. Más allá de esto, deberá conformar una ‘coalición a la carta’ con el Congreso, como ocurre en Argentina, donde operarán todos los ‘lobbies’ del capitalismo local, en especial aquellos que temen ser desplazados. A pesar del respaldo de 55 millones de votos, su estabilidad deberá ser probada en la lucha de clases. Leé también: Brasil: un gobierno golpista

3 de enero de 2019
Formación política y playa en el Campamento 2019 de la UJS

Del 2 al 7 de marzo, la UJS se prepara para un nuevo campamento de verano en las playas de Nueva Atlantis, a escasos kilómetros de Mar de Ajó. El desafío de este año será analizar el ascenso de gobiernos derechistas como los de Bolsonaro y Trump, que volvieron a colocar en la agenda política corriente a la palabra “fascismo”. Aunque se trata de una tendencia condicionada por fuertes contradicciones, abordaremos el fenómeno en su fase embrionaria, como al huevo de la serpiente. Titulado “Fascismo, crisis y revolución. La década del ‘30 y la actualidad”, el curso central se propone recuperar las experiencias del siglo XX en Europa, en particular de Italia y Alemania, que dieron cuenta de cómo el capitalismo conduce a la barbarie si no es superado por la revolución social. Estudiaremos el camino sin salida que representan los “frentes populares”, es decir la alianza de los partidos obreros con las burguesías pretendidamente “democráticas”, frente a estos ascensos derechistas y/o fascistas. En la década del ’30,España y Francia fueron los ejemplos de cómo estos “frentes populares” redundaron en enormes frustraciones. Durante la segunda mitad del curso, contrastaremos estas experiencias con la etapa actual, con sus continuidades y rupturas. Nos adentraremos en el proceso brasilero por el cual asciende al poder Bolsonaro, inseparable del fracaso de la experiencia frentepopulista del lulismo y el PT. En la cuarta clase, por último, delinearemos cuál es la estrategia de la izquierda revolucionaria frente al escenario global de América Latina. La crisis capitalista que envuelve al continente no ofrece vuelta atrás. Y así como engendra las semillas del fascismo, también contiene las de la revolución. La campaña hacia el Campamento ya está en marcha con talleres, cursos y actividades financieras en todas las regionales. Con esta nota lanzamos un precio promocional de 4.000 pesos, sólo para quienes cancelen el monto del viaje durante enero. Vayamos masivamente al Campamento de la UJS por una gran experiencia de formación política.

17 de enero de 2019
[Editorial] Los primeros movimientos de 2019

Los primeros movimientos políticos de 2019 han mostrado a todos los bloques capitalistas velando sus armas, de cara a la crisis de régimen que sacude a la Argentina en todos los planos. El macrismo salió a rescatar el apoyo del gran capital a su gobierno, el cual quedó severamente golpeado después del derrumbe económico y sus consecuencias. Un pope de la Unión Industrial de Santa Fe había llegado a afirmar, semanas atrás, que “votar a Macri sería un suicidio”. Para aventar un viraje de la clase patronal hacia la oposición, el gobierno Cambiemos resolvió desempolvar la reforma laboral, que el ministro Dante Sica amenaza con aplicar hasta por decreto. Las privatizadas de la energía y el transporte, por su parte, recibieron el generoso tarifazo de fin de año. En el plano de la agenda represiva, el gobierno volvió a la carga con la promesa de bajar la edad de imputabilidad, la persecución a los inmigrantes y el uso de las brutales pistolas Taser. La traducción electoral de esa escalada ha sido la posible postulación de Patricia Bullrich como vice de Mauricio Macri, lo que colocaría a los servicios y agencias militares del imperialismo y del sionismo en la fórmula presidencial oficial. En las vísperas de la feria judicial, por su parte, la “justicia” se abocó a un operativo dirigido a indultar a los principales capos capitalistas involucrados en la causa de los cuadernos. En el plano financiero, el gobierno está buscando resarcir a los fondos especulativos de las cuantiosas pérdidas incurridas después del primer rescate del FMI, cuando los convenció de volver a la Argentina a realizar colocaciones en pesos que, finalmente, terminaron pulverizadas con el fracaso de aquel rescate y una nueva ronda devaluatoria. Ahora, los recursos del FMI están solventando una nueva bicicleta financiera: el dólar “planchado” en 38 pesos, con una tasa de interés del 60% anual, le ha asegurado a los especuladores un rendimiento del 5% en dólares en tan sólo un mes. A semejante “regalo” al capital financiero, cosechado a costa de un mayor derrumbe industrial y paralización económica, nadie le augura una duración mayor que la del propio verano. El gobierno quiere volver a arrancarle sonrisas a los capitalistas, pero sus medidas conducirán a nuevos choques y contradicciones económicas. La “tablita” cambiaria, combinada con el tarifazo, ha vuelto a instalar el reclamo del “atraso cambiario” por parte de la patronal industrial. Si ello se acentúa, la famosa “liquidación de la cosecha” -por la cual el gobierno desespera- se convertirá en una nueva retención de silos y divisas por parte del capital sojero. Los reaccionarios anuncios oficiales, en suma, no despejan los nubarrones de la bancarrota económica y política. Unidos y desdoblados Pero la seducción a la clase capitalista no es un atributo exclusivo de los personeros del gobierno. En las dos primeras elecciones desdobladas de los distritos -Neuquén y San Juan-, el kirchnerismo ha decidido cerrar filas con el Pejota, intercalando a sus candidatos con los gobernadores, intendentes o senadores que han co-gestionado el ajuste en estos tres años de macrismo. En Santa Fe, otra filo-kirchnerista, María Eugenia Bielsa, anuncia su candidatura en el marco de la interna peronista y espera arrastrar detrás de sí a los más conspicuos centroizquierdistas de la provincia. En el caso de Neuquén, es conocida la intervención activa de CFK en el alineamiento del FpV local junto al Pejota. Es que estos movimientos tienen su traducción en los preparativos electorales de conjunto: Alberto Fernández, ex jefe de gabinete de Cristina, trabaja activamente por unir al kirchnerismo con Massa y la mayor parte del Pejota. Reporteado por La Nación, Fernández ha señalado que Cristina será “candidata o la gran electora”, o sea que ese armado contempla incluso el “paso al costado” que le reclama a la ex presidenta el ala más derechista de los gobernadores, con Urtubey a la cabeza. El programa de esta unidad peronista -que sus partidarios presentan con el mentiroso tilde de “antimacrista”- ha sido formulado por el ex ministro Axel Kicillof, cuando planteó la “renegociación” del acuerdo con el FMI. Detrás de un planteo de reestructuración de la deuda y supuesta reactivación económica, el pejota-kirchnerismo aspira a conquistar el favor de una parte de la gran burguesía, golpeada por la bancarrota del régimen económico macrista. Con este mismo programa, y varios de sus promotores, se ha puesto en marcha un operativo para poner en pie la candidatura de Roberto Lavagna -o sea, el gran “reestructurador” del defol de 2001/2002. Los que salieron a buscar al ex ministro fantasean con otro megacanje y un nuevo régimen de emergencia que rescate al capital. Las condiciones, sin embargo, no son las mismas que entonces: una nueva convocatoria de acreedores de la Argentina tendría lugar en medio de un agravamiento de la crisis mundial y sus tendencias revulsivas sobre los llamados países “emergentes”. En cualquier caso, la “renegociación” de la deuda -la gran bandera de esta unidad antimacrista- planteará brutales exigencias antiobreras y antinacionales por parte de los acreedores. En el plano represivo, los pretendidos opositores no se quedaron atrás en relación con Macri-Bullrich: mientras Angel Pichetto competía con el gobierno en su hostilidad a los trabajadores migrantes, el kirchnerista Sergio Berni era largado al ruedo por su jefa para plantear la ‘razonabilidad’ de un nuevo régimen penal juvenil. Los partidarios del modelo “alternativo” -y su desfile de candidatos- no tiene ninguna salida progresiva que ofrecer a la bancarrota de Argentina. Intervenir La mayor señal de este afán común por rescatar a los capitalistas tuvo lugar en el Sur, con la reunión entre Macri y Alicia Kirchner. El llamado a “empujar para el mismo lado”, formulado por el Presidente, tiene sus antecedentes claros. La “cuñada” ha protagonizado el ajuste más brutal que haya tenido lugar en el conjunto de los provincias durante la administración nacional de Cambiemos. Es la versión agravada de lo ocurrido en la mayoría de los distritos, donde en 2018 la megadevaluación e inflación permitieron reducir los quebrantos fiscales a costa de la pulverización de los salarios estatales y los gastos sociales. Los personeros sindicales de todos ellos, en la CGT y la CTA, tomaron en sus manos la tarea de asegurarle a Macri un fin de año “tranquilo”, a pesar de las monumentales tensiones que acumula la crisis social. Moyanistas y kirchneristas han querido disimular esta pasividad con una tibia marcha de antorchas, la cual, a pesar de sus convocantes, terminó arrastrando a muchos que buscaban un canal para movilizarse. Pero la tarea de los aparatos choca todo el tiempo con la envergadura de la crisis: en pleno enero, una escalada de despidos fabriles ha desatado un curso de movilizaciones, acampes y ocupaciones de fábrica, como ha ocurrido en Interpack, la ex Nidera, Pilkington, los ingenios tucumanos, los trabajadores de Radio Nacional y de los medios públicos, entre otros. Es necesaria una gran campaña en la clase obrera por la defensa de estas luchas y contra todos los despidos, en la perspectiva de un congreso de bases de todos los sindicatos y centrales, y de la lucha por un paro activo nacional de 36 horas. Los mismos que le han otorgado al macrismo una tregua indefinida -para abonar el trabajo sucio del ajuste durante todo 2019- son los que preparan, en el plano político, el rescate inviable de la bancarrota nacional a costa de los trabajadores. A esa tentativa continuista le oponemos la lucha por terminar con el régimen de Macri, el FMI y los gobernadores, y la convocatoria a una Asamblea Constituyente soberana y con poder, que debe resolver la ruptura con el FMI y el repudio de la deuda pública usuraria, la nacionalización de la banca, el comercio exterior y la industria energética, sin resarcimiento a sus vaciadores, el control obrero de la industria, la prohibición de los despidos, el salario igual a la canasta familiar y el 82% móvil; ello, junto a la disolución de los actuales aparatos de “seguridad” y Justicia, la elección de los jueces por el voto popular y la separación de la Iglesia del Estado, para terminar con el Estado confesional que es un enemigo jurado de las reivindicaciones de la mujer trabajadora. Con esta política de intervención de la clase obrera en la crisis, con este planteo de poder político y con este programa de confrontación ante la tentativa de relevo del derrumbe macrista por parte del nacionalismo, el Frente de Izquierda tiene que intervenir como polo político en la lucha de clases con una campaña y una propuesta política integral en las elecciones que ya se suceden sin solución de continuidad hasta la Paso nacionales de agosto. La intervención de la izquierda obrera y socialista no puede estar atada al carro de las maniobras electorales de sobrevivencia de un régimen que busca hacer pasar por esa vía la ofensiva contra los explotados, el sometimiento al FMI y el alineamiento internacional con el imperialismo en ese mismo rumbo.

31 de enero de 2019
Respondamos al bloqueo de Trump contra Venezuela

Trump acaba de adoptar las medidas más extremas contra Venezuela, si se exceptúa la agresión militar. Por un lado, ha bloqueado los activos del Estado venezolano en Estados Unidos, lo cual no excluye a los que se encuentran en el resto del mundo, debido al derecho de veto que se atribuye Estados Unidos sobre todas las transacciones internacionales nominadas en dólares. El bloqueo de los activos de Venezuela por parte de Estados Unidos significa, de inmediato, el bloqueo de la venta de petróleo de Venezuela a las refinadoras con sede en Estados Unidos, ya que retiene la contrapartida en dinero que deben pagar los importadores. De igual modo, embarga la importación, por parte de Venezuela, de los aditivos químicos necesarios para el tratamiento del crudo pesado y embarga también la importación, por parte de Venezuela, de los combustibles que se refinan en Estados Unidos con el crudo venezolano -de nuevo, por el bloqueo de la transacción correspondiente. Macri y Bolsonaro Estas medidas colocan a la refinadora venezolana Citgo, que opera en Estados Unidos, bajo la supervisión operacional del Departamento de Justicia norteamericano, que se convierte, de hecho, en el gerente de la compañía. Esto no solamente violenta el derecho de propiedad de Venezuela (con el pretexto de resguardarla) sino también, por caso, de los derechos internacionales de empresas rusas, que poseen en 49% de Citgo en calidad de garantía o colateral por préstamos otorgados a Venezuela. La Justicia norteamericana acaba de fallar a favor del resarcimiento de la minera canadiense Cristallex, nacionalizada por el chavismo, autorizando el embargo del valor equivalente de los activos de Citgo. Las medidas violentas de Trump fueron saludadas con un alza de la cotización de la deuda externa venezolana -del 0,10 a 0,35 centavos de dólar-, por la que los acreedores no han pedido hasta ahora el defol. La deuda de vencimiento inmediato cotiza, por esta razón, al 95% de su valor de emisión la pregunta es ahora si Maduro la seguirá pagando, como lo ha venido haciendo, ¡en el marco del bloqueo! Estas medidas contra Venezuela equivalen, de hecho y también de derecho, a una declaración de guerra. Sin embargo, han sido saludadas por los Macri y los Bolsonaro de América Latina, así como también por los Massa y los Pichetto -los mismos a quienes el kirchnerismo convoca a la unidad contra Cambiemos. Trump y sus secuaces internacionales proceden de este modo sin la hoja de parra de las Naciones Unidas, luego de que fuera derrotada, en el Consejo de Seguridad de la ONU, su moción de reconocer a Juan Guaidó como presidente ‘encargado’ de Venezuela. ¿“Elecciones libres”? La ficción jurídica que avala esta agresión económica consiste en presentar a Juan Guaidó como el verdadero titular del Estado venezolano, sin que esto se encuentre avalado por ninguna norma constitucional. Guaidó ha ‘asumido’ sus pretendidas funciones sin siquiera el voto de la propia Asamblea Nacional. El levantamiento del bloqueo impuesto a Venezuela tendría lugar luego de que un ‘gobierno de transición’ haya convocado a ‘elecciones libres’. La falacia del planteo apenas esconde su arbitrariedad y sus intenciones reales, porque bajo las condiciones de un bloqueo, el ‘gobierno de transición’ sería, en realidad, un gobierno vasallo, y las ‘elecciones libres’ las más condicionadas de la historia moderna de cualquier país. Al final de este proceso, el imperialismo yanqui liberaría los activos de Venezuela a un gobierno títere. Las posiciones del bloque imperialista no son homogéneas, aunque se parezcan casi como dos gotas de agua. Los yanquis y los gobiernos de derecha de América Latina exigen un ‘gobierno de transición’ encabezado por Guaidó -o sea un golpe de Estado en toda la línea. Para la Unión Europea, ese gobierno, encargado de convocar a elecciones generales, debe ser el resultado de una negociación. La diferencia no traduce solamente intereses contrapuestos, en el cuadro de sanciones económicas y bloqueos de activos que caracterizan, en parte, a la guerra económica internacional en desarrollo entre las diferentes potencias. Está presente también el temor de que un golpe de Estado y un gobierno exclusivo de Guaidó pueda desatar una guerra civil. Las divergencias políticas en el campo opositor se incrementan a medida que presienten la posibilidad de tomar el poder. Un ‘gobierno de transición’ no podría siquiera asegurar una campaña electoral si no encara el derrumbe económico de Venezuela, lo que, en el caso de Guaidó y la derecha, equivaldría a un gobierno del FMI. El gobierno de Maduro (y en especial el Ejército) se vale de esta alternativa catastrófica para salvar un rol de arbitraje que se agota a enorme velocidad y sus cartas de negociación. En lo que parece una maniobra de guerra psicológica, el asistente de Seguridad de Trump, John Bolton, dejó fotografiar su cuaderno de notas, donde anuncia el envío de 5 mil tropas yanquis a Colombia, mientras llegaba a ese país el jefe del Comando Sur del Pentágono norteamericano. Por distante que pueda parecer una intervención militar internacional en Venezuela, ella se encuentra inscripta como una alternativa en caso de una división de la cúpula militar del chavismo. Quienes alegremente se posicionan en favor de la ‘democracia’ que alienta el proto-fascista Trump, pasan por encima de la amenaza de intervención imperialista en Venezuela y lo que ella representaría para el conjunto de América Latina. ¿“Resistencia”? El oficialismo venezolano cuenta con el apoyo internacional de Rusia, China, Turquía, Irán y contados gobiernos latinoamericanos, pero también con el de Sudáfrica y varios de Europa del este, que se alinean con Putin o tienen una posición de compromiso con Rusia. En función de esta configuración, varios comentaristas creen ver una reproducción de la situación en Siria. En todo caso, es claro que la crisis venezolana se ha integrado a la crisis internacional y que se encuentra condicionada a negociaciones entre actores muy alejados de los intereses de Venezuela y de las masas venezolanas. América Latina se ha convertido en un campo de disputa en la guerra económica de Trump contra China y en la guerra política contra Rusia. La posibilidad de una salida para el chavismo, mediante la reorientación del comercio del petróleo hacia Asia, tiene, por lo menos, alcance limitado, de un lado por el derrumbe de la economía petrolera venezolana y del otro porque la deuda acumulada por Venezuela con Rusia y China es insustentable. La salida a la crisis de Venezuela y la derrota, por sobre todo, del bloqueo y la intervención imperialista, está condicionada a la lucha de clases a nivel internacional y especialmente en América Latina. Cada golpe que se inflija a Trump y a los gobiernos de derecha de América Latina será un refuerzo en favor de una salida anti-imperialista en Venezuela. La intervención imperialista se ve potenciada por el derrumbe del chavismo en todos los planos, como se manifiesta en la miseria descomunal en que ha hundido a los trabajadores, en la destrucción de la industria, en la emigración forzada de millones de personas y en la pretensión de salir de esta debacle mediante la entrega de los recursos mineros a los capitales de China, Rusia y otros. Es un régimen sin salida. En los últimos días se han producido movilizaciones en los reductos chavistas contra el gobierno (Petare, oeste de Caracas) debido a la situación desesperante en que se encuentran las masas, pero sin una dirección política independiente. La expresión “Maduro resiste al imperialismo” es un eufemismo: no moviliza a las masas sino a su aparato paramilitar; no desarrolla un control colectivo y una gestión obrera de los recursos productivos, sino que busca un compromiso con el imperialismo, sea en forma directa, sea por la intermediación de Putin, Xi Jinping o Erdogan. La lucha contra la intervención imperialista no puede implicar ningún apoyo al régimen, porque debe servir como una vía de salida comandada por los trabajadores. Cómo derrotamos al imperialismo El llamado ‘populismo’ latinoamericano tampoco resiste al imperialismo, pues se confina a maniobrar en los foros internacionales. Aunque el caso del kirchnerismo sea el más patético, por las dos semanas de silencio de su jefa, lo mismo ocurre en Brasil y Bolivia; el uruguayo Mujica se ha pronunciado por una transición electoral en favor de la derecha. Unidad Ciudadana sacó un comunicado que repudia el “intento de golpe de Estado”, llama a una solución basada “en el diálogo y en la paz” que plantea la Unión Europea. Del otro lado se encuentran los talibanes de la democracia, a los que les resulta indiferente si ella es el producto de Trump o de una lucha de masas. Reprochan a la izquierda revolucionaria que no acompañe el reclamo político de Trump y la derecha latinoamericana, incluso si está acompañada por el bloqueo y la amenaza de intervención militar. Para este sector ‘progre’, opresión nacional o independencia; explotación y miseria capitalista, de un lado, defensa de los trabajadores, del otro, son válidos como tema de ‘discusión institucional’ -nunca como eje de una lucha de clases, huelgas generales y revoluciones sociales. Observan la crisis mundial desde las alturas de un muro. No se puede caracterizar adecuadamente la crisis internacional acerca de Venezuela sin atender al amplio campo de la lucha de clases a nivel mundial. Los regímenes de derecha en América Latina asisten impotentes al impacto de la crisis mundial, ven caer sus apoyos en picada y enfrentan luchas populares sin respiro. Lo mismo ocurre en Francia o Hungría e India -o en México, Túnez, Sudán, Irán, Irak, China y Rusia. Trump ha sufrido reveses sucesivos, sea los propinados por sus adversarios capitalistas como por los trabajadores -huelgas docentes e industriales. El Brexit planea en forma catastrófica sobre la economía mundial. La crisis en Venezuela y los ataques del imperialismo no tienen lugar en un período de retroceso de la lucha de clases sino de viraje en la disposición de lucha, cada vez mayor, de las masas. La crisis venezolana no es local sino internacional. Los trabajadores y la izquierda de América Latina debemos convertirla en foco estratégico de una movilización, que golpee al imperialismo y sus secuaces en cada uno de sus países, y sirva de este modo a una derrota del bloqueo internacional y la intervención militar en Venezuela.

31 de enero de 2019
La Rioja: Los trabajadores deben hacer oír su voz

El pasado domingo 27 de enero se desarrolló en La Rioja la consulta popular que determinaba la aprobación o no de la enmienda constitucional, aprobada en diciembre por la Legislatura provincial, para permitirle a Sergio Casas ser electo por un período más como gobernador de la provincia. El resultado mostrado por el gobierno es un supuesto “triunfo” que le permitirá la reelección a Casas; sin embargo, los números muestran que esa “victoria” es un fiasco -o sea, constituye un fraude político a la voluntad del electorado riojano. Veamos: a la consulta, que era obligatoria, sólo concurrió a votar el 40%, y de ello sólo un poco más de la mitad votó por la opción “Sí” -es decir, en su intento de plebiscitar su gobierno, Casas fue avalado sólo por el 25% del padrón. De hecho, la “victoria” reeleccionista sólo le fue posible gracias al artilugio impuesto por la Justicia Electoral provincial que determinó que para que la enmienda fuera rechazada se requería como mínimo que el 35% del padrón electoral debía votar por el “No”. El rechazo tenía que alcanzar obligatoriamente un piso positivo. La votación afirmativa no tenía ningún piso. Sobre esta base, el electorado que se abstuviera se contabilizaba en contra del rechazo y, por lo tanto, jugaba a favor del voto afirmativo. Este mecanismo fraudulento de evaluar la voluntad popular y la bajísima concurrencia, y la aún más baja votación a favor del Sí, se dio en condiciones en que todo el proceso previo y la consulta misma estuvo teñida de denuncias de todo tipo relacionada a la manipulación de los padrones electorales, la falta de boletas a tiempo por el No para ser distribuidas en el electorado, las trabas para la fiscalización y muchos etcéteras más. La consulta ha quedado judicializada y será la Corte Suprema quien deberá determinar si la lectura de la Constitución que hace la Justicia Electoral -permitiendo convalidar con el aval de una minoría una enmienda constitucional- es válida. Esta misma Corte, días antes, frente a un amparo de Cambiemos, falló en favor del gobierno permitiendo que se realice la consulta, luego del pedido de declararla inconstitucional por sus rasgos fraudulentos, como el hecho de que no se confeccionaron padrones nuevos para la elección (se usaron los mismos que en las elecciones de 2017, dejando fuera a quienes se incorporaban este año), porque no se respetó el cronograma electoral y porque no se permitió a todos los partidos de la oposición fiscalizar la elección. Todo indica que la avanzada reeleccionista de Casas podría definirse en los tribunales. La consulta se dio en el marco de una profunda crisis del gobierno y el régimen provincial. La interna pejotista está nutrida de carpetazos, la paralización del Concejo Deliberante de la capital y la ruptura del PJ con su presidente, Beder Herrera. Este último llamó a no ir a votar en la consulta y ha salido a proclamarse como “el único ganador” de la jornada, por más que el enorme rechazo expresado hacia Casas, tanto en la abstención como en la casi mitad de votantes que optaron por el “No”, tiene también a Beder como destinatario, ya que la mayoría sigue relacionándolo con el gobierno. Cambiemos, por su lado, desarrolló una campaña por el No que resultó impotente, pues no podía oponer un programa contra Casas, cuando son socios del ajuste macrista en la provincia. El principal referente de Cambiemos, Julio Martínez, fue derrotado por el Sí a Casas en su bastión, Chilecito. En contraste, el No ganó en la localidad de Famatina -de gran tradición de lucha contra el gobierno provincial- y en la capital, de donde el actual intendente, el ex pejotista Paredes Urquiza, rompió con Casas y Beder para virar al macrismo y ahora con este resultado sale fortalecido en su disputa por la candidatura a gobernador con Julio Martínez por Cambiemos. Las disputas entre Casas y Cambiemos o Beder Herrera que pretendieron armar campos alternativos en torno del Sí o el No, son apenas una pelea entre buitres: todos son agentes del ajuste y también de Barrick Gold y el resto de las mineras. El Partido Obrero desarrolló una campaña por el No, desenvolviendo un programa que traducía las principales reivindicaciones que oponen a los trabajadores, la mujeres y la juventud con Casas y con la demás alternativas capitalistas. Dijimos: no a la miseria. Por un salario mínimo igual al costo de la canasta familiar, prohibición de los despidos. Estatización sin pago de toda empresa que cierre. Pase a planta de todos los precarizados. No a la destrucción de la salud y la educación. Por la triplicación del Presupuesto para salud y educación. No a los atropellos contra las mujeres. Por un Consejo Autónomo de la Mujer electo por el voto de las propias mujeres para combatir la violencia y la impunidad. No a la corrupción y los negociados con la obra pública. Por la apertura de las cuentas del Estado y de la empresas de la patria contratista para que sean controladas por los trabajadores. No a la megaminería a cielo abierto. Nacionalización de la minería bajo control obrero y derecho a veto de las comunidades. Y ahora decimos: no al fraude y convocamos al pueblo a movilizarse por la anulación de la consulta. Nuestra campaña por el No estuvo al servicio de que los trabajadores puedan romper el chaleco de fuerza de las direcciones gremiales que estuvieron con el Sí y en favor de una irrupción de los explotados contra el régimen descompuesto. El fracaso del gobierno en conquistar una votación masiva por el Sí es una oportunidad para una deliberación y una acción decidida de los trabajadores, organizando asambleas y plenarios por lugar de trabajo o localidad. Estamos frente a un nuevo escenario político. Desarrollemos la movilización para que se vaya el régimen del fraude y de las mineras. Vamos por la agenda de los trabajadores. Luchemos por la anulación de la consulta y la convocatoria a una Asamblea Constituyente soberana, que tome en sus manos el programa que hemos defendido en la campaña por el No y proceda a una reorganización social de conjunto en función de los intereses de los trabajadores.

14 de marzo de 2019
El Campamento de la UJS y sus claves políticas

Más de 800 pibas y pibes participaron del Campamento de verano de la UJS. A las costas de Nueva Atlantis llegaron estudiantes secundarios, terciarios y universitarios, jóvenes trabajadores y una nutrida camada de pibes de los barrios, que dio cuenta del gran crecimiento experimentado por el Polo Obrero. En la previa, todos montaron actividades y pelearon por conquistar los recursos necesarios para trasladarse hasta la playa. A los compañeros que viajaron desde Capital Federal y el Gran Buenos Aires se sumaron las regionales de Rosario, Santa Fe capital, el cordón de San Lorenzo, de numerosos distritos del interior y la costa bonaerense, y hasta compañeros del Partido de los Trabajadores de Uruguay. El campamento se desarrolló en un clima de camaradería, debate y trabajo colectivo, que permitió desarrollar de forma exitosa el conjunto de las actividades planificadas, incluyendo la tarea nada menor de auto-organizar la comida, los cursos y el esparcimiento para centenares de jóvenes. De la década del ’30… El curso central “Fascismo, crisis y revolución” despertó un enorme interés. Situado en la época imperialista, de declinación de la burguesía y de transición a un régimen social superior, las clases del curso se adentraron en las respuestas políticas a las que, durante las décadas del ’20 y del ’30, la clase capitalista apeló para contener o aplastar, la acción revolucionaria de las masas. La Revolución de Octubre de 1917, en Rusia, actuó entonces como fermento para una Europa devastada por la guerra. Pero las grandes ocupaciones de fábricas del “biennorosso” italiano o los levantamientos a repetición que caracterizaron al proletariado alemán fracasaron por la traición de la vieja socialdemocracia y la insuficiencia de las nuevas direcciones revolucionarias. Por la negativa, estas derrotas revalorizaron la importancia del desarrollo de los partidos y de la elaboración de una estrategia socialista, todo lo cual fue materia de debate en el tercer congreso de la Internacional. La amenaza no concretada de la revolución, sin embargo, bastó para alarmar a una burguesía que asistía impotente al derrumbe de sus métodos habituales de gobierno. El fascismo, en este contexto, emergió en Italia como un movimiento de masas de la pequeño burguesía arruinada que, embebida por ideas nacionalistas y hasta “anti-capitalistas”, se dirigía a “aplastar a los rojos” e instaurar un nuevo orden basado en la disolución por la fuerza de las organizaciones obreras y campesinas. En Alemania, el ascenso del nazismo llegaría tras el impacto de la crisis del ’29 y por la política criminal de la burocracia estalinista, conocida como “tercer período”, que dividió a las filas obreras y sumió en la impotencia a la clase trabajadora políticamente más desarrollada del continente. Durante la segunda clase vimos cómo el “frente único” que Trotsky defendía entre las organizaciones obreras para hacerle frente al terror nazi, rechazado por la burocracia moscovita, fue aplicado de hecho por los obreros franceses para derrotar la intentona fascista de 1934. Entonces, Stalin dio un viraje de 180 grados y lanzó la política del “frente popular”. Justificada por la amenaza fascista desdeñada hasta ayer, la política de la burocracia se orientaba ahora a una asociación de los partidos obreros con la burguesía llamada “democrática”. Lo que se presentó como una “ampliación” del frente único obrero hacia las “clases medias” fue, en realidad, su contrario: una política para encuadrar a este nuevo fenómeno en los marcos de la burguesía imperialista, lo que sería usado como moneda de cambio para soldar una precaria unidad militar entre la URSS y Francia. La experiencia francesa, y más aún la de la guerra civil en España, demostrarían hasta qué punto el “frente popular” se convertiría en un yunque para la lucha de la clase obrera, dejándole el paso libre al franquismo. Bajo la bandera de la “unidad” frentepopulista, el estalinismo emprendería una verdadera cacería contra los organismos revolucionarios creados por las masas, lo cual derivó en un enfrentamiento armado al interior del “campo republicano” en Barcelona en mayo de 1937. Los anarquistas y el POUM, bajo protesta de Trotsky, habían aceptado ingresar al “frente popular”, sin perjuicio de lo cual sus dirigentes fueron pasados por las ametralladoras de la GPU. El frente único obrero, que de Francia se había trasladado a la Comuna de Asturias, quedó sin perspectivas por la negativa de todos los partidos a salirse del corset del “frente popular”. La caída de España sumergiría a la humani dad en la barbarie de la Segunda Guerra. ...a la actualidad Fascismo y frente popular son, entonces, los recursos últimos de la burguesía para defender su dominación en la época de la revolución proletaria. Durante las últimas clases del curso, estos conceptos revelaron vigencia para comprender la crisis actual. En Brasil, el ascenso de Bolsonaro es la contracara del derrotero del PT, que corroboró que los frentes populares son útiles para contener la lucha de las masas pero no así para enfrentar los embates de la derecha y el imperialismo -incluso cuando estos embates implican la cárcel para el principal líder del frente popular (Lula). Una expansión del efecto Bolsonaro, fascistizante, amenaza con introducir a América Latina en el terreno de las guerras imperialistas con el intervencionismo yanqui en Venezuela. En la Argentina, un frente popular aún no conformado, el “frente anti-macrista” que postulan CFK y la burocracia pejotista, ya opera como un dique de contención para que el movimiento obrero se deshaga del régimen de Macri y el FMI. En la mateada sobre los nuevos desafíos del movimiento de mujeres, Vanina Biasi llamó a superar los intentos de subordinar los pañuelos verdes a los celestes con una gran campaña por la consulta popular por el aborto, que vuelva a colocar este reclamo en el centro del debate político de 2019. En el 50° aniversario del Cordobazo, un militante secundario de aquella época, Néstor Pitrola, destacó el carácter revolucionario del mismo como un primer gran desacato de la clase obrera y la juventud argentina frente a Perón. El clasismo y sus coordinadoras fabriles, que emergieron entonces, no lograron transformarse en una dirección política alternativa, en parte por la negativa de sus principales dirigentes, como Tosco -formado en la estrategia del frente popular-, a desafiar el liderazgo del nacionalismo burgués. Pitrola convocó a la UJS a pelear por un Cordobazo nacional para terminar con el régimen de Macri, los gobernadores del ajuste y el FMI. También pasaron por el Campamento Alejandro Crespo, del Sutna, y “Chiquito” Belliboni, del Polo Obrero, que dieron cuenta de cómo se preparan para abordar las grandes luchas que se avecinan, contra los despidos en Fate y el hambre que arrecia en las barriadas. El curso también sirvió para debatir la situación de la Fuba, cuya conducción se encuentra disputada entre estas dos grandes orientaciones, el frente único y el frente popular. ¿Servirá la Fuba para desarrollar la lucha del movimiento estudiantil junto a la clase obrera o se impondrá la política que quiere usar a la juventud como rueda de auxilio del desvencijado nacionalismo? Esta es la gran batalla que la UJS emprenderá en el Congreso Extraordinario de la federación que se desarrollará con el comienzo de las clases. El saldo de Nueva Atlantis es sumamente positivo. Más de 50 compañeros decidieron incorporarse a las filas de la UJS y el Partido Obrero. La militancia socialista es la forma de poner en práctica las lecciones de las experiencias pasadas, encarando nuestra época desde una perspectiva revolucionaria.

4 de abril de 2019
Putin en Venezuela

Este 1° de abril entra en vigencia el bloqueo establecido por Trump, en enero pasado, contra la venta de petróleo de Venezuela a Estados Unidos, su principal mercado, e incluso en el mercado internacional. El gobierno de Maduro ha sido desconocido por alrededor de cincuenta Estados, entre los más importantes del sistema político mundial. El boicot al excluyente producto de exportación de Venezuela, tiene un efecto letal potencial para este país, equivalente, en otros términos, a un ataque armado. Las destilerías instaladas en el golfo de México procesaban hasta ahora el crudo pesado de Venezuela, que luego le re-vendían como gasolina y derivados; estas importaciones quedan afectadas por el boicot. Ante estas circunstancias, el norteamericano The Washington Post plantea, a modo de interrogante, “¿cómo hará Maduro para evitar el colapso de la industria?”. En forma coincidente, la prensa internacional informa que Rusia ha desplegado en Venezuela misiles antiaéreos sofisticados, S-300, y el arribo a Caracas de personal militar enviado por Putin. El diario norteamericano señala también el arribo de bombarderos nucleares de Rusia (tu-160), para tomar parte en ejercicios militares con el Ejército venezolano. Venezuela había comprado en el pasado armamento ruso por valor de 4 mil millones de dólares, en especial cinco mil misiles personales tierra-aire (ManPad). El ministro de Defensa de Venezuela, Padrino López, anunció hace una semana la instalación de un centro de simulación de vuelos para helicópteros rusos, “que sólo se pueden encontrar en Venezuela y Rusia”; también reveló un plan para establecer simuladores para los Sukhoi MK2, en la ciudad de Barcelona, en el estado Anzoátegui. En otro plano, la petrolera gigante rusa, Rosneft, se ha encargado de proveer a PDVSA, la estatal petrolera de Venezuela, de diluyentes para procesar el petróleo pesado, y también para hacerlo refinar en la India. India integra el grupo de países que mantienen el reconocimiento de Maduro, junto a Turquía, China, Cuba, Bolivia -entre otros. La caracterización de estas movidas por parte de la prensa occidental ha sido que Putin pretende armar, en compañía de Cuba, un cerco de seguridad del gobierno y controlar a las Fuerzas Armadas para evitar una desintegración militar. Incluso, sin embargo, si ésta fuera la intención, la amenaza urgente es el colapso final de Venezuela y, por otro lado, un ataque o invasión militar de parte de la coalición de derecha que encabeza el fascista Donald Trump. Trump ha declarado en más de una oportunidad que no excluye “ninguna opción” para derrocar al régimen que encabeza Nicolás Maduro. China ha organizado un puente aéreo para trasladar ayuda médica a Venezuela, en lo que el diario citado caracteriza como un apoyo “más suave” -mientras mantiene negociaciones en Washington con emisarios de Juan Guaidó-, cuyo ‘interinato’ desconoce. Es indudable que Putin actúa motivado por fuertes intereses económicos, como la defensa de la presencia de Rosneft en Venezuela y la posibilidad de acceder al “arco minero” de este país, abundante en toda suerte de materias primas estratégicas para la producción de tecnología. Maduro ha hipotecado, en forma parcial, en favor de Rosneft, la refinadora y distribuidora, Citgo, que opera en Estados Unidos. Rusia y China son fuertes acreedores de Venezuela, obligada a pagar la deuda con la venta de petróleo, cuya producción no cesa de caer. Vladimir Putin y el chino Xi Jinping pretenden cobrarse esas deudas con la riqueza minera de Venezuela. Acuerdos con Rusia y China Ni Rusia ni China, sin embargo, representan una posibilidad o amenaza de dominación colonial de Venezuela. Eso sí representa Trump, en forma excluyente; el imperialismo mundial está representado por Estados Unidos y la Otan. La restauración capitalista en China y Rusia representa el ingreso de estos dos Estados a la órbita del imperialismo mundial, con independencia de las contradicciones que esta integración internacional suscita y no puede dejar de suscitar, como consecuencia del carácter antagónico de la economía mundial en su conjunto. Al recurrir al apoyo económico y militar de Rusia y de China, el gobierno madurista no trafica la soberanía de Venezuela de un imperialismo a otros, incluso si favorece la entrega de recursos estratégicos puntuales a capitales de China o Rusia. La dominación imperialista es una estructura social y política de conjunto, no se reduce al entreguismo (en varias ocasiones, gobiernos revolucionarios han contemplado ofrecer concesiones a compañías extranjeras). La camarilla gobernante de Venezuela procura hacer frente a la amenaza del imperialismo yanqui con métodos burocráticos, militares (o sea, opresivos), entreguistas y, a la larga, insostenibles. Intenta hacerlo también con algunos países de la Unión Europea, que se encuentran afectados por la guerra económica lanzada por Trump. El canciller español, Joseph Borrell, en su reciente paso por Argentina, no se privó de denunciar a Trump por el fracaso de la operación Guaidó (La Nación, 27/3), exigiendo que se haga cargo el que “organizó este diseño”. Denunciar las limitaciones de los métodos de la camarilla militar venezolana frente a Trump y señalar su carácter, en última instancia, antiobrero, no es lo mismo que poner en el mismo plano la ofensiva del imperialismo yanqui con la búsqueda de un apoyo ‘defensivo’ de parte de Rusia y de China. La única clase con intereses consecuentemente anti-imperialistas es la clase obrera. Detrás de este escenario de confrontación, Putin y Xi está negociando con Tump y con la Unión Europea el destino de Venezuela, como parte de un paquete internacional. La cuestión de Ucrania ocupa un espacio central, al lado de la construcción de un segundo gasoducto de Rusia a Alemania, el destino de Siria, las alianzas militares en los Balcanes y el status internacional de Irán. Estados Unidos y la Otan han violentado todos los compromisos establecidos con Rusia para que Ucrania quedara afuera de la Unión Europea y de la Otan, en la década del '90. Como consecuencia de esto, Putin ha re-ocupado Crimea y apoya a la corriente secesionista en el este de Ucrania, e incluso intervenido en Siria. Ucrania por Venezuela o Ucrania por Siria ha sido un eje de la política de Putin. Recientemente, un referendo minoritario ha habilitado a que la ex república yugoslava de Macedonia ingrese a la Unión Europea y a la Otan. Es precisamente todo esto lo que está bloqueando ahora un acuerdo para sacar a Maduro del gobierno, aunque no al estamento militar del país -recurso decisivo contra una insurgencia popular. Al recostarse en Putin y Xi, Maduro y Padrino corren el riesgo de que un acuerdo por encima de ellos termine con sus cabezas. Perspectivas Rusia y China no tienen los recursos para defender a Venezuela, no digamos para dominarla, y mucho menos para sacar a las masas venezolanas del hambre y la miseria a la que la han llevado el ‘chavismo’, por un lado, y el imperialismo, por el otro. Rusia es, en términos económicos, el equivalente a un Estado de mediano porte de Estados Unidos. La restauración capitalista la ha puesto en una condición de decadencia que amenaza su existencia nacional. China exhibe un desarrollo capitalista potente, pero no desempeña un rol independiente en la economía mundial, en tanto su clase capitalista sigue bajo la tutela de un Estado burocrático. Una y otra están negociando con el imperialismo a espaldas de las masas venezolanas e incluso del gobierno. Ambas son conscientes de que el régimen actual es incapaz de desarrollar una salida al derrumbe industrial y social. Esa negociación es una pulseada que incluye el telón de fondo de agresiones y guerras. Lo que para Venezuela aparece como una autodefensa transitoria, para los regímenes de Rusia y China tiene una finalidad reaccionaria, que es acomodar sus intereses con el imperialismo yanqui. En este contexto de conjunto, poner en pie de igualdad la acción del imperialismo yanqui contra Venezuela con la de los restauracionistas ruso y chino, es una posición pro-imperialista. Solamente mediante una acción colectiva internacional de la clase obrera, la defensa de Venezuela contra el imperialismo yanqui del fascista Trump puede convertirse en una salida para los explotados venezolanos. (31 de marzo 2019)

11 de abril de 2019
Se presentó el Frente de Izquierda en Tucumán

A través de una conferencia de prensa en el Centro Cultural Eugenio F. Virla de la Universidad Nacional de Tucumán (UNT), el Frente de Izquierda hizo su presentación con vistas a las elecciones provinciales del 9 de junio. El dirigente del Partido Obrero y referente de la docencia universitaria, Ariel Osatinsky, encabezará la lista como candidato a gobernador junto a la docente Mercedes Lizondo (PTS), candidata a vicegobernadora. Por su parte, la fórmula legislativa en la sección I (Capital) estará encabezada por Alejandra Arreguez, dirigente del PTS y Alejandra del Castillo, dirigente del Plenario de Trabajadoras. “El Frente de Izquierda es la única fuerza política que enfrenta realmente el ajuste del gobierno nacional y provincial, y que plantea una salida de fondo para que esta crisis la paguen sus responsables y no la clase trabajadora”, declaró Osatinsky ante la prensa. “En estas elecciones hay dos alternativas -añadió-, los candidatos del FIT o los candidatos del ajuste, de la pobreza, de la impunidad, de la corrupción”. Consultado por el sistema electoral de acoples, advirtió que “los próximos comicios mantienen la matriz fraudulenta de las elecciones de 2015, un sistema del cual se valen tanto el PJ como Cambiemos. Sólo el Frente de Izquierda denuncia el carácter falaz y antidemocrático de los acoples”. El proceso electoral se desenvuelve en el marco de una crisis provincial que atraviesa a toda la clase dirigente, con pueblos inundados, con crecimiento de los niveles de pobreza por encima del promedio nacional, con un proceso de descomposición que envuelve a las fuerzas represivas y demás aparatos del Estado y un proceso creciente de rebelión popular contra los tarifazos. Esa crisis se hace más profunda aún en el marco de la bancarrota económica nacional, el acuerdo entreguista con el FMI, la devaluación de la moneda y los salarios de miseria. Ante ese escenario, el Partido Obrero en el Frente de Izquierda sale a las calles con una acción estrechamente ligada a las acciones de lucha de los trabajadores contra el ajuste de Macri y del gobernador Juan Manzur. Es decir, con una campaña de movilización política. Se ha iniciado una campaña de agitación que va a ir cobrando mayor intensidad en las próximas semanas, orientada a la conquista del voto al Frente de Izquierda y a reforzar así la lucha contra el régimen de acoples, de miseria, de negación de los derechos de las mujeres y superexplotación que encabeza Manzur en la provincia, pero que comparte con los adversarios electorales de ocasión, José Alperovich (PJ), Silvia Elías de Pérez (UCR-Cambiemos, “Vamos Tucumán”) o Ricardo Bussi (Fuerza Republicana).

11 de abril de 2019
Después de los primeros turnos provinciales

Las primeras elecciones adelantadas han sido una expresión del derrumbe del macrismo, de un lado, y de los límites inocultables del kirchnerismo para canalizar esa declinación política. El domingo pasado, Cambiemos no llegó al 6% de los votos en Río Negro y salió tercero con el 14% en Chubut, ello, cuando en 2017 había peleado el primer lugar. La decisión del macrismo de “celebrar” la victoria de las listas de los gobernadores locales, o incluso de darles un guiño, como ocurrió antes en Neuquén, sólo vino después de verificar la caída en picada de sus propios candidatos. Por el lado del kirchnerismo, con las elecciones del domingo se suman ya tres derrotas provinciales, sumando la del neuquino Ramón Rioseco. Las presentaciones del FpV en estos distritos no sólo se han dado en el marco de la unidad pejotista. Desde el punto de vista del programa, le pelearon a las otras listas la representación de los lobbies capitalistas locales. El caso más claro es el de Rioseco, que se presentó como el más enérgico abanderado de las petroleras de Vaca Muerta. La unidad pejotista De las derrotas en estos distritos, sin embargo, la conclusión que ha sacado el kirchnerismo es la de reforzar su carácter de fuerza del régimen. En Córdoba y Misiones, los K han bajado sus listas, para contribuir a la “unidad peronista”. En Santa Fe, las Paso han servido para un armado pejota-kirchnerista que le colectará votos a Omar Perotti, un defensor del capital sojero que, después de haber recibido la bendición de Cristina… señaló que no apoyará a ningún candidato presidencial. En Tierra del Fuego, el kirchnerismo apoya a la ajustadora Rosana Bertone. Pero una expresión mayúscula de esta confluencia política son las tratativas en curso, entre massistas, el FpV y pejotistas federales, para presentar un único candidato a gobernador en la provincia de Buenos Aires, incluso en la variante de que concurrieran con candidatos presidenciales diferentes, con el propósito de derrotar a Vidal. Algunos han interpretado los desistimientos electorales de los K en varias provincias como una señal de que Cristina efectivamente se presenta, y que por eso no quiere cargar con el peso de derrotas distritales previas. Pero en cualquier caso, esos 'desistimientos' son en favor de los gobernadores del ajuste, lo cual retrata al carácter de la coalición política que, en el caso de ser candidata, Cristina encabezaría. Las "fuerzas" provinciales La victoria de los gobernadores locales ha llevado a que se derramen ríos de tinta en torno del supuesto “vigor de las alternativas provinciales”. Pero en las vísperas de una elección presidencial, y en medio de una manifiesta crisis de régimen, la fuerza de las “alternativas locales” es sólo una expresión negativa de la desintegración que recorre a los bloques que se candidatean para pilotear la bancarrota nacional. En las últimas horas, la Formosa de Gildo Insfrán se ha sumado al largo pelotón de elecciones anticipadas, lo que reduce a sólo cuatro distritos los que harán comicios simultáneos con los presidenciales. Los ganadores provinciales -como el rionegrino Alberto Weretilneck y su gobernadora electa- han anunciado que se declararán prescindentes en la elección nacional. Los diarios le atribuyen una “sana administración” a los gobernadores ganadores. Por un lado, han sido protagonistas de ajustes drásticos del gasto salarial y social, particularmente en Chubut. Por el otro, han acumulado deudas y contradicciones explosivas a corto plazo. Es el caso de la deuda pública dolarizada de Chubut, así como de la deuda de sus cooperativas eléctricas con el mercado mayorista de energía (Cammesa), a causa de los tarifazos, y que el gobierno provincial deberá afrontar. Weretilneck, a su turno, carga con una hipoteca similar en la compañía de energía provincial, que lo obligará a “¡reducir el suministro!” (El Cronista, 10/4) desde la semana posterior a la elección. Los “sanos” administradores de provincias no escapan, de ningún modo, a la quiebra nacional, aunque hayan logrado demarcarse de esa quiebra frente a una parte del electorado. Los comicios provinciales tampoco le han agregado vitalidad al emprendimiento de Roberto Lavagna, cuya pretensión de “gran armado frentista” no parece superar por ahora a los radicales disidentes del macrismo y al socialismo santafesino. Al día siguiente de las elecciones en Río Negro y Chubut, volvió a subir el riesgo país -justamente, los especuladores juzgaron como “negativos” a los resultados electorales. Naturalmente, el pulgar para abajo del capital financiero -expresado también en un aumento colosal de los seguros contra defol- se relaciona con un escenario de conjunto, donde las metas de cumplimiento fiscal con el FMI se encuentran comprometidas, ahora, por la caída en picada de la recaudación de impuestos, en el cuadro de un derrumbe económico general. La ausencia de vitalidad de las “grandes” alternativas nacionales, del macrismo al kirchnerismo, expresa el compromiso de todos ellos con la salida fondomonetarista. El gobierno acaba de pedirle “perdón” al FMI por las metas incumplidas de su acuerdo. Pero los pretendidos opositores preparan un perdón similar para después de octubre. En el lenguaje del Fondo, ello implica convertir el actual acuerdo stand by en otro de “facilidades extendidas”, o sea, un reciclaje de la deuda a un plazo mayor, a cambio de concesiones sustanciales -la reforma jubilatoria es la primera de ellas. El hilo que une a Macri con Lavagna, pero también con Cristina-Kicillof, es este incierto “reciclaje” de la cuantiosa deuda externa. El lugar del Frente de Izquierda En estas condiciones políticas, y volviendo a las elecciones adelantadas, el Frente de Izquierda defendió su votación y sus posiciones parlamentarias en Neuquén. Con una implantación previa menor, obtuvimos el cuarto lugar en Río Negro y Chubut, donde superamos el piso proscriptivo de las Paso. Hacia adelante, importa separar a los trabajadores de los bloques políticos que han dominado las elecciones provinciales hasta aquí. Presentando un programa que haga eje en la ruptura con el FMI en el marco de una reorganización económica y social de los trabajadores. En suma, están dadas las condiciones para una enérgica campaña política de conjunto del Frente de Izquierda, que presente una salida obrera y socialista a la crisis nacional, y se sirva del prolongado proceso electoral como un formidable campo de agitación política, en conexión con la lucha del clasismo y del movimiento piquetero que ha rechazado la cooptación oficial. Es necesario que el FIT apure un acuerdo integral en todos los planos para poner en marcha esa tarea.

9 de mayo de 2019
Trump, China… y Argentina

La expectativa de una distensión en la guerra comercial entre Estados Unidos y China, luego de la reunión que sostuvieran Xi Jinping y Trump en el cierre del G20 en Buenos Aires, parece haber llegado definitivamente a su fin. A través de Twitter, Donald Trump anunció la intención de levantar los aranceles del 10 al 25% para un conjunto de importaciones de China por unos 200.000 millones de dólares anuales. Trump amenazó incluso con extender esa medida al conjunto de las compras americanas a China, hasta un total de 525.000 millones. La escalada arancelaria de Trump había comenzado hace unos diez meses, dando lugar a la consiguiente represalia china. Luego de la cumbre en Buenos Aires, Pekín llevó adelante algunos gestos de “buena voluntad”, facilitando la importación de soja y automóviles de Estados Unidos. En estos días, una misión china debía viajar a ese país para continuar las discusiones comerciales. Pero el golpe de mano de Trump, a pesar de estas concesiones, demuestra algo que venimos señalando desde Prensa Obrera, a saber, que la escalada entre el imperialismo yanqui y china supera a la cuestión arancelaria. Detrás de la escalada de Trump está el objetivo estratégico de dominar los resortes del proceso de restauración capitalista en la potencia asiática, a expensas del propio Estado restauracionista. En la agenda de esta recolonización económica se encuentra la implantación plena de los derechos de propiedad sobre el conocimiento (patentes), y colocarle un límite a las industrias de “alta tecnología” que se han desarrollado en aquel mercado. En esta puja, la burocracia china defiende su papel de árbitro de la restauración del capital, en un escenario agravado por la desaceleración económica y una sobreinversión manifiesta. Del lado de Trump, la presión renovada sobre China traduce el impasse de su propio programa económico, donde la inyección fabulosa de estímulos fiscales ha tenido un magro resultado en términos de relanzamiento industrial. En definitiva, este choque comercial traduce “Un impasse histórico de conjunto (…) y plantea una reorganización social y política de ambos contendientes. La consideración vale para la economía y la política mundiales en su conjunto” (Jorge Altamira, “Un 2019 que se las trae”, EDM N° 53). Los mercados han tomado nota del alcance general de este choque “comercial”, con una caída generalizada de las principales bolsas del mundo. El retroceso de las bolsas asiáticas en la jornada del pasado lunes fue el más importante del último trienio. Pero también cayeron las bolsas europeas e incluso la del que “hizo punta” en la escalada, o sea, Wall Street. Y por casa… El cimbronazo mundial sacudió también a la Argentina, y echó por tierra la pretensión de que la mano del “amigo americano” -FMI mediante- contribuiría a que el macrismo atraviese con vida una transición signada por su derrumbe político y económico. Pero al informar sobre el nuevo aumento del dólar, producido este lunes, un columnista de Clarín señaló que el “escenario se revierte por culpa del amigo Donald Trump”. Al cabo de esa jornada, el dólar volvía a trepar a los 46 pesos. La decisión oficial de ocultar las ventas diarias de reservas internacionales -una medida que refuerza el manejo conspirativo del Banco Central- impidió saber a cuánto llegó efectivamente el remate de divisas para frenar una suba mayor. El macrismo, en definitiva, vuelve a quedar bajo el fuego cruzado de la crisis capitalista mundial, y no sólo por la reanudación de la fuga de capitales. En estas horas, la soja cruzaba el piso de los 300 dólares, y se hundía en los valores más bajos de los últimos años, como resultado también de la guerra comercial Estados Unidos-China. Los “amigos del mercado” y de Trump, en definitiva, soportan los rigores de la desintegración del mercado mundial, como lo revelan las guerras comerciales, el Brexit y el impasse de los propios regímenes continentales. La lucha por terminar con el régimen macrista, por medio de una acción histórica de los trabajadores, tiene como telón de fondo este escenario mundial de bancarrota del capital, que está dando lugar a una fase excepcional de luchas y manifestaciones de masas a escala mundial.

23 de mayo de 2019
Brasil: Entre la crisis política y la rebelión educativa

Con más de un millón de personas (algunas fuentes llegan a hablar de casi dos millones) en las calles, el pasado 15 de mayo, en la mayoría de las ciudades importantes, contra los cortes educacionales en todos los niveles, la situación política brasileña ha entrado en una nueva etapa, caracterizada por el desgaste acelerado y prematuro del gobierno Bolsonaro y la tendencia a una polarización política “a la Venezuela”, aunque de signo cambiado (con el Guaidó brasileño en la presidencia). La base bolsonarista, engrupida con su score electoral de 2018, ha convocado a una manifestación de apoyo al gobierno para el domingo 26, previsiblemente escuálida. Para el jueves 30, ha sido convocada por el movimiento estudiantil una nueva jornada de lucha en defensa de la educación pública. Un precalentamiento para el paro general que las diez centrales sindicales han convocado para el 14 de junio contra la reforma del sistema jubilatorio, reforma del cuño más reaccionario imaginable (elimina las contribuciones patronales y condena a todos los asalariados a la lotería de los fondos de pensión privados). Bolsonaro en la cuerda floja Para Reinaldo de Azevedo, uno de los más influyentes columnistas políticos del país, “el impeachment de Bolsonaro ha entrado en el radar político del Brasil”. Para José Simão, el humorista más leído, “Tite (el técnico de la selección brasileña de fútbol) ya mandó a Mourão (el vicepresidente) que se vaya calentando para entrar”. La crisis del gobierno se ha instalado en todas las áreas clave. En las cuestiones centrales de política externa (la crisis venezolana y las relaciones comerciales con China) las políticas de las dos partes del Poder Ejecutivo (presidencia y vice) han sido diametralmente opuestas, con el establishment brasileño apoyando al general-vicepresidente. El propio imperialismo se encuentra dividido, con Trump apoyando incondicionalmente a Bolsonaro, y la Unión Europea tomando sus distancias. El País, portavoz español de la UE, publicó una larga entrevista concedida por Lula en la cárcel (también reproducida por la Folha de São Paulo) en la que el ex presidente ex metalúrgico califica al gobierno Bolsonaro de “banda de locos” y llama a “una autocrítica general”, esto es, tiende una mano a los corruptos que lo metieron en cana. La pieza clave de la estabilidad política del gobierno, el ministro de Justicia Sergio Moro, el juez adalid de la “Operación Lava Jato”, que dio la base para el golpe institucional contra Dilma Rousseff en 2016 y metió en la prisión a la plana mayor de los dos gobiernos de Lula, también tuvo sus alas cortadas por el Supremo Tribunal Federal (STF), que sacó de la justicia común los casos de corrupción vinculados al financiamiento de los partidos políticos, remitiéndolos exclusivamente a la justicia electoral, que ya ha proclamado amnistía para diversos casos de corrupción “política” (éstos afectan al 75% de los partidos políticos registrados, incluidos los “de izquierda”). El Departamento de Justicia de los Estados Unidos (DoJ) ya amenazó, muy oficialmente, con revelar las bases de un nuevo mega-escándalo de corrupción, semejante al “petrolão” y probablemente afectando a la Vale, la más grande empresa minera del mundo, hoy en la picota por los repetidos desastres (crímenes) ambientales y humanos derivados del derrumbe de los diques de contención de la basura producida por la explotación de las minas de hierro. Reforma jubilatoria La reforma jubilatoria se encuentra en el Congreso Nacional, donde el partido de Bolsonaro (PSL) tiene 10% de los diputados, para ser votada (improbablemente) en junio. Todos los partidos patronales ya han declarado su acuerdo de principio con el proyecto privatista, pero “el diablo habita en los detalles”. La negociación con la casta militar ya le ha costado al gobierno una cantidad superior a la que la reforma jubilatoria del sector “ahorraría” al Estado… en diez años. ¡Y los partidos de oposición lamentan que el gobierno se vea obligado a mendigar dinero al Congreso para pagar las jubilaciones! El caradurismo, como se ve, no es propiedad apenas de Bolsonaro y sus “Chicago Boys” a cargo, con Paulo Guedes, del ministerio de Economía. El detalle sabroso es que los estados (provincias), más quebrados que la Unión (algunos ya ni pagan los salarios, qué decir de las jubilaciones) también declaran su apoyo a la panacea de la privatización de la previsión social, incluidos los estados gobernados por el PT (cinco de 27), mientras el partido declara su oposición a la reforma, sin que la contradicción le haga mover un músculo de la cara(dura). Brasil usa 24% de su presupuesto nacional para pagar jubilaciones (incluidas las escandalosas pensiones vitalicias de hijas solteras de militares, que incurren todas en el pecado mortal del concubinato, y las no menos escandalosas jubilaciones de privilegio del Ejecutivo, el Legislativo y el Judicial) y seguridad social (incluidas las pensiones de inválidos y personas de edad que siempre trabajaron en el “sector informal”, sin contribuciones). El 42% de ese presupuesto, in crescendo, es usado para pagar la deuda pública que remunera con intereses superiores al resto del mundo los títulos públicos emitidos exactamente para pagar los intereses de la deuda pública, engordando la tasa de lucros más alta del capital financiero mundial. El no pago de la deuda pública, interna y externa, es, por lo tanto, la condición básica de la reconstrucción y salvación nacional, y sólo podrá ser realizado por un gobierno de los trabajadores, sin presencia -ni compromisos- con el capital. Esa es también la base para la salvación de la maltrecha educación pública. La lucha contra la reforma previsional y en defensa de la educación convergen en un único programa. Pero es este programa, exactamente, el que brilla por su ausencia en el movimiento en curso. La crisis política, y los problemas estructurales del país, se agravan debido a la crisis económica, que pone al Brasil en el umbral de la cesación de pagos, al crecimiento del déficit fiscal y la reducción de las reservas internacionales. Las proyecciones de crecimiento económico han sido revisadas a la baja por duodécima vez en lo que va del año (las más realistas ya hablan de un crecimiento inferior a 1%, muy abajo del crecimiento demográfico); el desempleo (13 millones de desocupados oficiales, 25 millones reales) y la rebaja salarial general no han producido una onda de inversiones, sino lo contrario. El gran capital mundial, el gran elector, votó a Bolsonaro para que les entregase un país arrasado y de rodillas, lo que hasta el momento no ha sucedido, y opera ahora sobre la base de una crisis política que se profundiza y puede desarrollarse como recesión económica y crisis institucional, poniendo en jaque a todo el régimen político. Los desafíos de la hora En esas condiciones, la crisis de dirección del movimiento de los explotados también se agrava. Con excepción de una pequeña minoría y sin representación parlamentaria, agrupada en parte de la CSP-Conlutas, las direcciones sindicales y estudiantiles, que están a la cabeza de las convocatorias de las grandes movilizaciones, giran en torno al PT y los partidos patronales (un detalle a no pasar por alto es que eso incluye a casi todas las corrientes “trotskistas”, que se encuentran en el PT, el PSOL, o llevando una existencia parásita de ambos). No existe un programa de clase, un programa de transición. La muletilla de “no discutir para no perjudicar la unidad contra Bolsonaro”, es un camino de derrota de la movilización en desarrollo. A la lucha, todos contra Bolsonaro (y Mourão), si; a la discusión, también, para construir una corriente obrera revolucionaria y garantizar la proyección estratégica de las luchas en curso y en preparación en el gigante obrero y campesino de América Latina.

27 de junio de 2019
Los técnicos aeronáuticos derrotan a la burocracia

En medio del feriado largo y con 48 horas de anticipación la burocracia de Ricardo Cirielli, secretario general de la Asociación de Personal Técnico Aeronáutico (APTA), convocó a través de su página web a Asamblea General Extraordinaria para votar por sí o por no la modificación del Estatuto gremial. Para disimular la violación de los 30 días hábiles obligatorios para convocarla y presentar las modificaciones, alteraron la fecha de publicación. La Comisión Directiva concluye su mandato en noviembre, con lo que vencen los plazos estatutarios para convocar a elecciones, elegir Junta Electoral en asamblea, abrir el plazo para presentación de listas y desarrollar la campaña electoral. En la propuesta de modificación se otorgan derechos electorales a los afiliados honorarios, los que pueden serlo aún sin pertenecer a la actividad, con el único objetivo de inflar el padrón. También se admite a los jubilados en la Comisión Directiva, con el propósito de beneficiar a algunos miembros que hace décadas ocupan su sillón. Se degrada la condición del Delegado General a “Coordinador” quitándole la atribución de participar con voz y voto en las reuniones de Directiva. Entre otros artículos que son modificados sin especificar en qué sentido. En todo este período Cirielli nunca citó a asamblea para discutir la continuidad de la lucha por el salario y en defensa del convenio que el macrismo pretende destruir. El intento de actuar por sorpresa, entre gallos y medianoche, se transformó en un búmeran de indignación que viene alimentada por la tregua de 7 meses con la paritaria vencida y algunas sumas a cuenta. A pesar de desarrollarse en plena jornada laboral y muy lejos de los lugares de trabajo, un importante sector se movilizó, y luego de ganar la integración de la mesa concluyó rechazando toda modificación del Estatuto por 218 a 165 votos. Cirielli intentó defender los cambios apelando a la demagógica propuesta de formar una Comisión de género, lo que no impidió que las compañeras presentes le votaran en contra. También quiso reivindicar su carácter democrático porque en esta oportunidad no hubo como en las anteriores patota o gas pimienta contra los técnicos y no se impidió el ingreso de afiliados opositores. Los técnicos sabemos que estas condiciones se conquistaron con la movilización masiva. Entre los trabajadores que intervinieron se destacó el activismo antiburocrático de la Lista Violeta, que ya realizó una importante elección hace 4 años. En sus intervenciones plantearon que los jubilados y jubilables debían organizar junto a todos la lucha por el 82% móvil, y contra la reforma previsional. Defendieron la formación de una Comisión de género para sumar a APTA a la ola verde, pero ratificando que cualquier modificación del Estatuto debe ser precedida por una amplia deliberación de los trabajadores. Los técnicos encontraron la oportunidad para asestarle un golpe a la burocracia que abre grandes posibilidades para la recuperación de APTA. Pongamos en pie nuevamente una alternativa independiente y de lucha.