“Superniño” en Argentina: Milei expone a los barrios populares a una catástrofe

14 de octubre de 2026 · 5 min de lectura

El desarrollo del fenómeno climático conocido como El Niño presenta en la Argentina características particulares con una primavera más fría y lluvias intermitentes. El último pronóstico trimestral del Servicio Meteorológico Nacional predice una alta frecuencia de lluvias con riesgos de inundaciones en las zonas centro y litoral (La Nación, 9/10). Algunos meteorólogos estiman que la abundancia de lluvias se extendería hasta el mes de abril de 2027 inclusive. Según Celeste Saulo, secretaria general de la Organización Meteorológica Mundial (OMM) de la ONU, este Niño “podría ser más potente que todo lo observado desde que arrancó nuestro monitoreo [hace cuatro décadas]” (La Nación 29/09).

La vulnerabilidad de las masas empobrecidas ante el evento del Niño es ostensible. Según el Centro de Integración Socio Urbana (CISUR), unos 4.000 barrios populares se encuentran en riesgo hídrico ante la eventualidad de temporales causados por el Niño (Infobae 5/10). A esto se suma que el gobierno nacional retiene más de $2.000 millones del Fondo Hídrico Nacional 2026 y que el propio presupuesto 2027 contempla destinar más de $113.000 millones asignados a partidas hídricas a operaciones financieras (LPO, 16/9).

Fenómeno climático

El fenómeno conocido como El Niño-Oscilación del Sur (ENOS) se produce cuando, debido a fluctuaciones en la presión atmosférica, los vientos alisios, que normalmente empujan las aguas cálidas del Pacífico ecuatorial hacia el sudeste asiático y Oceanía, pierden fuerza o invierten su dirección. Esto provoca que la masa de agua cálida acumulada en el oeste se desplace hacia el este del Pacífico en América del Sur, liberando calor y humedad a la atmósfera. Al interactuar con las corrientes globales, se altera la distribución de las lluvias en todo el planeta, provocando sequías severas e incendios o intensas lluvias e inundaciones según la región.

En la cuenca del Plata y región pampeana, El Niño incrementa la frecuencia de precipitaciones de larga duración, aumentando los caudales de los ríos Uruguay y Paraná y provocando riesgos de inundaciones. En la región de Cuyo, el mayor nivel de nevadas en la alta montaña repercute en el mayor caudal de los ríos durante los deshielos de primavera y verano, con riesgos de desborde en los valles y de aludes en las laderas.

Se trata de un fenómeno natural, que se produce cada dos o siete años, pero el calentamiento global aumenta su intensidad. Tiene una duración aproximada de 9 meses y se espera que el actual alcance su máximo desarrollo entre diciembre y enero. Para que un evento sea calificado como “Niño”, la comunidad científica considera un aumento sobre el promedio de +0,5 °C en una zona de referencia conocida como Niño 3.4 (en el Pacífico oriental/central). Si esa anomalía supera los +1,8 °C, se originan lo que los medios califican como “Superniños”. El que se está desarrollando actualmente, alcanzó una anomalía de +2,1 °C a +3 °C en esa zona de referencia.

Pobreza, crisis de vivienda

Según el Centro para la Integración Socio Urbana (CISUR) -integrado por extrabajadores de la Secretaría de Integración Socio Urbana (SISU)-, 4.041 de los 6.467 barrios populares inscriptos en el Registro Nacional de Barrios Populares (ReNaBap) se encuentran en riesgo. De ellos, 2.954 barrios pobres ya se inundan ante precipitaciones normales; otros 1.087 se encuentran junto a cursos o cuerpos de agua, aumentando los riesgos de inundaciones. Los techos, paredes o pisos del 60 % de las viviendas en barrios populares no resisten una tormenta severa. Si esta es la situación regular, el pronóstico frente a la ocurrencia de eventos extremos como un Superniño es alarmante.

“En esos más de cuatro mil barrios populares distribuidos en las 24 jurisdicciones del país, viven hoy aproximadamente 4,2 millones de personas”, dice el informe, imposibilitados de evacuarse por sus propios medios. Los distritos más afectados son provincia de Buenos Aires, Santa Fe y Chaco.

Deuda y motosierra

El Gobierno retiene los fondos -de por sí escasos- destinados a las obras en las barriadas en colocaciones del Tesoro. La misma política se extiende a la gestión hídrica en general. Entre enero de 2024 y mayo de 2026, el Fondo de Infraestructura Hídrica (FIH) -un fondo fiduciario destinado a dragado, saneamiento de cuencas y otras obras hídricas- recaudó $375.400 millones por el impuesto a los combustibles (Ley 26.181), pero solo ejecutó $116.000 millones en obras hídricas (el 31 %) (Chequeado). A junio de 2026, retenía $290.000 millones inmovilizados en Letras del Tesoro (Perfil, 11/06). El propio presupuesto 2027 planea destinar más de 113 millones del FIH en “inversiones financieras” (más del 22 % de los $ 510.000 millones que planea recaudar por el impuesto a los combustibles líquidos (LPO, 26/09).

Según informes de la Oficina Nacional de Presupuesto y la Jefatura de Gabinete, entre 2024 y 2026 los fondos fiduciarios acumularon un superávit financiero de más de US$ 3.000 millones que serán destinados al pago de la deuda pública (La Nación 16/08). Estos recursos con asignación específica por ley fueron saqueados mediante la colocación compulsiva de títulos públicos para inflar el "superávit fiscal", a costa de las necesidades elementales de la población para hacerle frente a un inminente desafío climatológico ampliamente pronosticado.

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