Este reportaje fue hecho a fines de mayo de 1975 por Jacques Meyrand y Denis Folias, de "Informations Ouvrieres", a Leopold Trepper, Jefe de la Orquesta Roja (denominación de la red soviética de espionaje antinazi en Europa), quien se encontraba acompañado por su mujer, Luba Trepper. El lector de habla española tuvo acceso al conocimiento de la extraordinaria actividad de la "orquesta" en oportunidad de la aparición del libro de Giles Perrault.
Trepper adhirió al Partido Comunista en 1925, en Polonia, su país natal, y luego de una actividad política en Palestina, y en los medios judíos de Francia, se dirigió a la Unión Soviética en 1932. Más tarde, ingresó en el servicio de inteligencia del Ejército Rojo, inicialmente bajo la dirección del General Berzine. En esta actividad se le encomendó la organización de la Orquesta Roja, en la segunda guerra mundial, de la que fue su jefe. La red montada por Trepper informó correctamente a Moscú, en 1941, respecto a la inminente invasión de los nazis. Stalin, sin embargo, despreció la información —como la que en el mismo sentido enviaba Richard Sorge desde Japón— en virtud de la extrema confianza que tenía en el cumplimiento por parte de Hitler del pacto firmado en 1939.
Trepper fue capturado por los nazis durante la guerra, pero logró escapar. En 1945 fue víctima de la purga staliniana, de retorno a la URSS, que afectó a todos aquellos testigos del inmenso desastre de Stalin ante el hitlerismo. Diez años estuvo encerrado en la prisión de Lubianka. Fue liberado durante el período kruchevista, lo que aprovechó para irse a Polonia, donde fue sometido a las consecuencias de la persecución antisemita bajo Gomulka y Gierek. A continuación de una campaña de solidaridad internacional, logró autorización para emigrar y vive actualmente en Dinamarca.
En esta primera parte del reportaje, Trepper considera el balance de su actividad de combatiente contra el nazismo, en los momentos previos al pacto Hitler-Stalin. En la segunda parte responde a los problemas relativos a la naturaleza de la burocracia stalinista y a la lucha que el proletariado soviético e internacional libran contra ella.
Jacques Meyrand: Desde que Ud. se encuentra en Europa Occidental, la gran prensa lo presenta esencialmente como un "espía". En el programa de televisión "Dossiers de l'ecran", pasado en noviembre último, la burguesía francesa expresó su odio a la actividad que llevó adelante la Orquesta Roja. ¿Por qué ese odio, 30 años después? ¿Puede Ud. explicarle a los militantes obreros franceses de hoy cuáles eran los objetivos fundamentales de la Orquesta Roja?
Leopold Trepper: El odio se explica en pocas palabras. Siempre existe, en los distintos países, fuerzas reaccionarias que buscan explotar a su manera lo que hemos hecho durante la segunda guerra mundial. Según mi opinión, el servicio de informaciones no tuvo el mismo carácter que durante la primer guerra mundial. No era un asunto de profesionales. Al contrario, éstos escaseaban en muchos países.
Se trataba de una guerra de centenares de millones de hombres contra el nazismo. Y, en esta lucha armada, cada uno sabía que no se podía derrotar al nazismo si éste no perdía la guerra. Hubieron muchas tentativas de parte de grupos de la Wehrmacht, del grupo de Himmler, de otros aún en Alemania, por encontrar la base de una paz separada. Por medio del Vaticano, de Vichy, de Franco, se trataba de realizar un frente único de Alemania con los países del Oeste contra la Unión Soviética.
Según mi opinión, el servicio de informaciones, durante esta guerra, era —ante todo— la primera línea de la resistencia armada. En Francia, decenas de miles de obreros y de hombres en general, sin ser jamás espías, estuvieron siempre listos a informarnos lo que sabían. Esto es de una importancia capital.
Por mi experiencia concreta en la red a la que pertenecía y que dirigía, yo puedo decir que esos hombres no tenían absolutamente nada de las características de una red de profesionales.
El terrible año 1937: El Ejército Rojo decapitado
Lo que no se sabía es que esa red había sido creada por el antiguo jefe de informaciones militares, el General Berzine, que fue, junto a toda la dirección del servicio, fusilado en diciembre de 1938. Toukhatchevski y siete generales del Ejército Rojo habían sido fusilados en junio de 1937. Después se decapitó al Ejército. Fue recién dos o tres años después del XX° Congreso que diferentes generales comenzaron a hablar, a decir la verdad sobre esos sucesos.
Yo sabía desde el comienzo (cuando Stalin comenzó las sangrientas purgas de 1936, después del asesinato de Kirov en diciembre de 1934) que en el Congreso del PCUS de 1934, el último con votación secreta, de 230 a 250 delegados habían tachado el nombre de Stalin. Luego, cuando el Comité Central votó, también en forma secreta, al nuevo Politburó, Stalin estaba en el último lugar. El responsable de la organización del Congreso por el Buró Político, Kaganovitch, tomó la responsabilidad de anunciar que Stalin había sido elegido en primer lugar, Kirov en segundo y luego los otros.
Stalin sabía lo que había pasado. Ese Congreso se caracterizó por ser el primero que no votó ninguna resolución. La única era la que hacía aprobar la política de la dirección de Stalin del Politburó, las directivas y la línea fijada por Stalin hasta el próximo Congreso.
Ustedes me preguntarán ¿quiénes eran esos 250? ¿Eran cien por cien antistalinistas? Yo no lo diría. Pero no olviden una cosa: la lucha de fracción terminó definitivamente a principios de 1929. Ustedes saben muy bien que comenzó contra Trotsky y los trotskistas. En 1934 no existían más fracciones —ni de Zinoviev, ni de Kamenev, ni de Bujarin. Yo no digo que no había muchos camaradas del Partido que tenían las posiciones de Trotsky, de Bujarin o de otros. Pero como fracción no existían.
Yo llegué a la Unión Soviética en 1932. Para estar informado, quise conocer la documentación y me leí toda la colección de Pravda de 1917 a 1929. En 1929 es el 50 aniversario de Stalin. Se podía leer en ese momento, en los diarios, los elogios enviados por Zinoviev, Kamenev, Bujarin. Faltaban solamente los elogios de los antiguos trotskistas aún vivos. A partir de 1929, y no fue obra de un día, Stalin comenzó a convertirse en un dictador con todos los plenos poderes.
Si me preguntan si se trataba solamente de un culto a Stalin, yo diría que no solamente a Stalin. Se trataba del Politburó (ciertamente, teníamos hombres como Ordjonikidzé, miembro del BP, que estaba contra Stalin) con sus principales personajes: Vorochilov, Kaganovitch, Molotov, Suslov y también, en el último tiempo, Kosiguin, quien era joven, Ponomarev, el director de Pravda.
zó a poner orden entre los cuadros. En el partido fundado sobre el centralismo democrático el primer principio era el centralismo, pero la democracia había sido eliminada hacía mucho tiempo. Cuando se produce ese congreso de 1934, muchos secretarios (que en ruso se dice Oblach, secretarios de departamentos) eran aún viejos bolcheviques. Gritaban "viva Stalin", pero veían que año tras año todo iba peor. El grado de centralización era tal que no se sabía lo que podría ocurrir. Era también la época de la colectivización forzada y muchos de esos dirigentes estaban en contra. La época que, según Pravda, era un "vértigo de éxitos", había ya abatido a millones de campesinos, incluso pobres. Muchos cuadros cercanos a la dirección comprendieron que eso no caminaba más. Así, en 1932-33 hubo una hambruna increíble en Ucrania. Mi mujer, que era estudiante en la Universidad, y que fue ayudar en el verano a los campesinos, vió todo esto.
El "Socialismo en un solo país" y la realidad
J. Meyrand: ¿Qué pensaba Ud. en esa época y ante esta realidad, de la tesis de la construcción del socialismo en un solo país?
L. Trepper: Sobre esto, yo le diré. La realidad es que fue un proceso muy largo. En esa época la NKVD (policía secreta) arrestó a mucha gente pues, como se decía: "Los santos lugares no quedan nunca vacíos". El "santo lugar" es la prisión. Hasta 1934 conocemos las intervenciones de Lunacharski, Gamarnik, Iakir, Ordjonikidzé, etc. quienes intercedieron para liberar militantes arrestados. Está este ejemplo que conocimos; un obrero panadero judío, embarcado por los ingleses en un barco ruso que lo condujo a Odesa, donde lo arrestaron como agente del Servicio de Inteligencia. Conocíamos muy bien a ese militante que no habría podido jamás ser usado por el S.I. británico. Fue liberado.
Las cosas no habían aún arribado a un grado tal que hubiéramos podido decir: "está terminado". Pensábamos que podían cambiar.
Llegamos en 1932 a la Unión Soviética. En la Universidad teníamos la posibilidad de discutir y también de leer, lo que no podían hacer otros. Leí en 1933 lo que se llamó el Testamento de Lenin. En 1937 una declaración oficial del CC desmintió formalmente que Lenin haya sido el autor de ese texto y no fue sino después del XX Congreso que fue editado.
1934 es el asesinato de Kirov: no es necesario explicarlo largamente. "El gran maestro" lo organizó muy bien. Después, de 1935 a 1938, es la purga que escala sin cesar. En Europa se habló de los procesos, si fueron justos o no. Nosotros sabíamos que detrás de los procesos, las purgas comenzaban en el país, que centenares de miles de personas eran arrestadas. Y eso, no se sabía en Europa.
Denis Folias: ¿Ud., en la URSS, no lo sabía?
L. Trepper: No lo supimos hasta mediados de 1937, época en que un terror terrible reinaba por todos lados. Yo declaro con toda responsabilidad que, para Stalin, la política que consistía en buscar un compromiso con Hitler, comenzó en 1936, no más tarde. ¿Cuáles son las pruebas que aporto?
Uds. saben que el último congreso de la Internacional Comunista se pronunció por la creación de un frente único con todas las fuerzas antinazis en la lucha contra el nazismo. Fue Dimitrov el informante. Desde 1934 hasta la guerra, Stalin nunca dejó de hablar sobre la necesidad de crear ese frente (1). Pero, lo más importante es lo que conocí cuando entré en contacto con los jefes del servicio de informaciones del Ejército. A partir de la segunda mitad del año 1936, Stalin planteó no llevar adelante ningún trabajo de información militar en la Alemania nazi. Para él, eso era una provocación que hubiera conducido a la guerra.
En 1936, como ustedes saben, Toukhatchevski, del consejo supremo de los soviets, sostuvo firmemente que la guerra con el nazismo era inevitable, que sería una guerra mundial (independientemente del hecho de que comenzara por el Este o el Oeste). No excluyó que pudiese desarrollarse sobre el territorio de la URSS y de manera imprevista para la Unión Soviética.
Stalin hizo fusilar a Toukhatchevski mediante una provocación. Esa provocación tuvo sus autores interesados, Stalin e Hitler. Sabemos cómo sucedió entre ellos. Stalin, entonces, tuvo carta blanca. Hay que decir que en la dirección del Ejército Rojo se encontraban aún muchos viejos bolcheviques. En ese momento, en la URSS, la dirección del Ejército habría podido convertirse en una fuerza contra Stalin. Cuando detuvieron al General Petrovski, lo acusaron de haber preparado el arresto de Stalin. Es el ejército el que decía: "el compromiso es imposible, la guerra será con los nazis".
Distintos cuadros de diferentes partidos (comunistas) que estaban con nosotros en la universidad sabían muy bien todo esto. Teníamos nuestras relaciones y sabíamos lo que pasaba en el Ejército. Sabíamos que Toukhatchevski se basaba sobre los servicios de informaciones militares que existían en diferentes países y particularmente en Alemania.
Yo conocía en esa época un hombre que se llamaba Stiga (al igual que el general Berzine, era de la región de Riga) y cuyo seudónimo era Oscar. Había pasado diez años en Alemania, de donde fue retirado en 1936. Es el momento en que se suprime todo trabajo de información en Alemania.
Mi esposa y yo captamos muy bien de qué se trataba. Irnos a Polonia no era ya posible. La tragedia de la dirección del partido polaco ya había comenzado. Si la decisión de disolver el partido fue tomada en 1938, la liquidación comenzó mucho antes, con la mayoría de los miembros del Buró Político, acusados de "provocadores".
Las consecuencias del pacto Stalin-Hitler
J. Meyrand: La acusación que sirvió para disolver el PC polaco habla de la "infiltración en su seno de agentes luxemburguistas y trotskistas". ¿Cómo puede explicar eso?
L. Trepper: De eso, nunca se habló en el exterior. ¿Por qué razones Stalin liquidó al partido polaco? Mi opinión es porque preparaba el compromiso con Alemania. Y él sabía que los militantes del PC Polaco tenían aún la posibilidad de discutir internamente.
Luba Trepper: No estábamos aún en el poder.
L. Trepper: Correcto. Estábamos en las cárceles polacas.
Dirigentes como Lenski, Kocheva, Warski y otros eran personalidades de primera línea, que no habrían aceptado la política de compromiso con el nazismo. Es por eso que se los liquidó antes.
Pero no solamente se liquidó al partido polaco. Se hizo lo mismo con los de los países bálticos, de Ucrania Occidental. Era necesario limpiar el terreno. La prueba de que Stalin comprendió muy bien lo que eran los comunistas polacos, fue que cuando los nazis invadieron Polonia, centenares de miles de comunistas estaban en las cárceles. Estos sabían muy bien que había un pacto. Y fueron los primeros en pedir ir al frente a combatir a los nazis.
¿Qué elegir, en esa época para nosotros? En 1937, los miembros de nuestra universidad no pudieron jamás llegar a Polonia. O bien eran abatidos antes de pasar la frontera, o bien eran arrestados por la policía polaca.
Se acercaba la guerra. Buscábamos estar allí donde se podía aportar al máximo en esa batalla. Se había decapitado al Ejército. Pero el servicio de informaciones del Ejército no lo estaba en el momento en que nosotros partimos. Esperaban hacerlo, evidentemente, sobre todo después del regreso del General Berzine, a fines de 1937, quien se encontró con Stalin para protestar contra los desastres de la NKVD en España. Y Stalin le respondió: "es que eso te importa".
J. Meyrand: ¿Cuáles fueron las acusaciones hechas por Berzine a Stalin? ¿Se enfrentaron contra la represión contra los militantes del POUM y los anarquistas, ejecutados por el NKVD en España?
L. Trepper: Yo sé que él dijo que la NKVD, con la ayuda de diferentes dirigentes del partido comunista, comenzó por eliminar a los mejores cuadros de la lucha en España. Es lo que pasó en Madrid y Barcelona. Y fue entonces que Stalin le preguntó: "¿por qué te metes en todo esto?" Berzine, en 1937, era el principal consejero del estado mayor republicano en España. Conocía perfectamente la situación, era el jefe de los servicios de informaciones y sabía lo que hacía el NKVD.
D. Folias: ¿Y regresó a Moscú para protestar contra todo esto?
L. Trepper: Sí, fue a fines de 1937. Fue entonces que yo lo vi. Antes, Berzine había presenciado el 1º de mayo de 1937 en Berlín. Fue terrible: centenares de miles de obreros, que algunos años antes marchaban bajo las banderas comunistas y socialistas gritaban ahora: "Ein Volk, ein Reich, ein Führer". Estaban fanatizados y no los habían obligado a participar. La intoxicación operada por el nazismo era terrible. Antes de 1933, cuando le hablé a los comunistas alemanes del peligro de una toma del poder de los fascistas por la fuerza, me respondieron: "En las últimas elecciones tuvimos tantos y tantos votos y los socialistas otros tantos. Somos, a pesar de todo, la mayoría". No comprendieron que esa idea fija de obtener una mayoría parlamentaria, 60 o 75 por ciento de diputados, en 1933 no tenía ninguna importancia. Con las elecciones, comunistas, socialdemócratas y republicanos burgueses tenían la mayoría del Reischstag. ¿Y para qué servía eso?
(Continuará en el próximo número)
(1) Se refiere a la orientación hacia los frentes populares, que sigue siendo la posición de L. Trepper.