Movilización obrera, programa, perspectiva
El mes pasado concluyeron todas las maniobras parlamentarias. Contra "los 10", encabezados por Báez, Robledo, y contra la oposición, Isabel y su camarilla impusieron su plan. El parlamento no ha querido echar a Isabel, porque no quiere una salida democrática. Los parlamentarios —representantes políticos de la clase burguesa— si no pueden imponer una solución militar-institucional (al estilo del chileno Allende, con militares en los ministerios de Interior y Defensa, e incluso en la presidencia de la República), prefieren que siga la camarilla en el poder. Antes que un gobierno responsable ante el parlamento ("débil", a juicio de los partidos burgueses), prefieren la continuidad de la delincuencia reaccionaria.
Isabel llenó entonces el espacio político que le dejó gratuitamente el Congreso nacional, así como también la insuficiencia de condiciones para un golpe militar. El gobierno en crisis, el gobierno golpeado por las masas por todos lados, el gobierno con una capacidad de arbitraje entre las clases cercana a cero (como lo demuestran los lock-outs patronales), logra sobrevivir y lanza su plan para salvarse y perpetuarse.
Se trata de una reedición agravada del plan López Rega-Rodrigo. El objetivo es el mismo: descargar toda la crisis sobre las espaldas de los trabajadores, y asegurar de esta manera su sobrevivencia como agente de los acreedores internacionales y de la militarización que impulsan las fuerzas armadas.
Este es el problema. El gobierno tiene una extrema necesidad de derrotar a las masas, de empobrecerlas radicalmente, para recuperar su solidez política ante la clase burguesa. El gobierno lanza el "paquete" de devaluaciones, aumentos de precios y congelamiento de salarios para cumplir ese objetivo y para ganar el apoyo político de la banca internacional, del Fondo Monetario. Llevando el país al caos y al enfrentamiento, el gobierno se propone obligar a las fuerzas armadas a sostenerlo, ante la belicosa resistencia de las masas.
Derrota obrera, frente único con los acreedores imperialistas y los militares, esa es la estrategia gubernamental.
obrera, el curso ascendente hacia la huelga general, para aplastar este plan y a su autor —el gobierno?
Balbín, la APR y la CGT, mediadores
Ante la inminente agudización de la crisis revolucionaria, los partidos burgueses y la dirección de la CGT se han lanzado a una negociación con el gobierno, para arbitrar en el enfrentamiento.
Balbín y la APR (incluído el PC) acaban de proponer una multisectorial. Objetivo: asegurar al gobierno su continuidad, a cambio de un plan político y económico que permita elecciones en 1976.
La mayoría de la dirección de la CGT, luego de haber criticado al plan Mondelli, se llamó a cuarteles de invierno. José Rodriguez, del SMATA, lo explicó así: "hay que abrir un compás de espera".
Han pasado ya dos semanas del anuncio del "plan Mondelli" y del comienzo de las huelgas, y las mediaciones no han conducido a nada: el pase del 12 al 20 por ciento en el aumento de salarios, no ha detenido la lucha de las masas.
Todo arbitraje entre el gobierno del "plan Mondelli" y las huelgas obreras está condenado al fracaso, como ya ocurrió en junio y julio. O el gobierno derrota a los trabajadores —con el auxilio que le están brindando la UCR, la APR, la CGT y las fuerzas armadas— o las masas en su lucha liquidarán a este gobierno antiobrero.
Hay que pronunciarse por la huelga general activa política
La fuerza de la tendencia hacia la huelga general sólo los ciegos no la ven: a pesar de la total falta de dirección, todas las regiones del país han entrado en el proceso de paros, por reclamaciones mínimas que entran en brutal colisión con el gobierno y los capitalistas: 2.000.000 de salario mínimo; 80 por ciento de aumento general de emergencia; convocatoria de las paritarias sin restricciones.
En la Unión Obrera Metalúrgica, los paros son dirigidos, con excepción de Córdoba y Matanzas, por los sectores que siguen a Calabró y por direcciones regionales que han comenzado una ruptura con Lorenzo Miguel. Esto refleja la enorme presión de las bases, la conciencia que tiene una parte de la dirección sindical de que si no se ponen a la cabeza serán barridas, y la convicción de Calabró de que el gobierno está liquidado y que conviene, por lo tanto, presentarse ya como uno de sus sepultureros.
Existe un rasgo común entre todas las direcciones que han decidido ponerse a la cabeza de la huelga, y no atacarla de frente. Desde Calabró hasta la Mesa de Gremios de Córdoba (liderada por sectores de la ultraizquierda), pasando por todas aquellas seccionales que se mueven en el medio, nadie ha lanzado la directiva de la huelga general activa, nadie plantea una campaña en esa dirección, y nadie enarbola un programa político para las masas en lucha, como si se tratara de una huelga "económica", y no de una huelga cuya victoria es incompatible con la continuidad del gobierno delincuente.
Ninguna de las direcciones que se declaran por rechazar el plan Mondelli quiere una victoria política de las masas.
● Los burócratas de la línea Calabró se han limitado a hacer efectivo un paro de 24 horas. Allí donde los obreros en asamblea —fábrica Wainer en San Martín— decidieron medidas de lucha más profundas, los delegados fueron expulsados de la UOM. Ahora, con el argumento de consultar con el interior, este sector ha levantado todas las medidas programadas.
● La "Coordinadora de La Plata, Berisso y Ensenada", dirigida por la JP, tampoco ha planteado la huelga general. En una reciente solicitada, denuncia a Balbín, Manrique y Calabró de "pretender montarse en nuestras luchas para acumular poder político". A pesar de esto reclama "que el Congreso de la Nación se haga cargo del gobierno", subordinando políticamente la huelga a la burguesía. Esto explica que no haga campaña por la huelga general activa.
● La Mesa de Gremios de Córdoba ha lanzado puentes de negociación con la burocracia de la CGT regional, lo que explica que haya retirado su antigua reivindicación de renuncia del gobierno y elecciones inmediatas, y que no realice una agitación por la huelga general activa;
● La UOM de Santa Fe sigue declarando su apoyo al gobierno, a pesar de ser la seccional que más ha parado contra el plan Mondelli.
En síntesis, ninguno de los sectores que se encuentran a la cabeza de la huelga, actúa por la huelga general activa, manteniendo la lucha en forma dispersa, dislocada, y esto se debe a que no quieren convertir el actual combate en una huelga política de masas, que conduzca a la caída del gobierno terrorista.
El programa de la huelga y su perspectiva política
1000 por ciento de carestía anual es la destrucción de la clase obrera y sus conquistas. La contrapartida de esto son las fenomenales ganancias especulativas de los grandes capitalistas, como lo demuestra el alza vertiginosa del dólar, de las acciones, de los bonos públicos y de los dividendos empresarios.
A las reivindicaciones tradicionales y necesarias —2.000.000 de mínimo, 80 por ciento de aumento, paritarias libres— hay que introducir planteos que se correspondan con la situación excepcionalmente grave de la actualidad
● ajuste mensual de los salarios;
● control obrero de la producción, en las fábricas, contra el acaparamiento y la parálisis industrial. Apertura de todas las operaciones de las empresas;
● congelamiento de todos los precios, vigilados dentro de las fábricas y controlados por comités populares en cada barrio. Estos comités populares deberán ser organizaciones unitarias de obreros con pequeños comerciantes y con pequeños campesinos, contra los acaparadores y contra la policía de Isabel;
● moratoria de la deuda externa. Postergación de los pagos hasta que sea investigado el origen de cada deuda. Nacionalización de la banca y las companías financieras, bajo control de los empleados, para terminar con el mercado negro y centralizar la utilización del crédito.
Estas medidas de acción directa son insustituíbles contra el caos. Hay que preparar su ejecución, mediante una intensa propaganda y agitación, y reclamando en cada empresa la formación ya, de un comité de control obrero.
A este programa mínimo, elemental hay que agregar dos puntos de defensa básica de los trabajadores. Es que, con la resistencia obrera, se ha acentuado la represión, el secuestro y el crimen, para quebrarla. Entonces:
● por una campaña nacional por el cese del estado de sitio y la militarización, y por la libertad de los compañeros presos;
● por un frente único de las organizaciones políticas y sindicales antiterroristas y antigolpistas por:
*piquetes obreros y juveniles de autodefensa;
*por el castigo a los terroristas y a los golpistas;
*por el derecho a la organización autónoma de soldados y suboficiales.
Este plan mínimo de salvación nacional y de los trabajadores es incompatible con un minuto más de supervivencia de este gobierno. Este es un gobierno reaccionario, que sólo puede existir como los tumores malignos: consumiendo al organismo.
El 27 de junio, luego de tres semanas de lucha, los trabajadores llegaron a una unánime conclusión: no hay victoria si no echamos a Lopez Rega, si no damos un golpe serio a la camarilla.
Pusimos al gobierno "groggy", ganamos netamente ese round. Pero el gobierno no quiere dejarse ganar por puntos, es decir, renunciando: está obligado a pelear con furia y ponernos en la lona. Para alcanzar esto, no vacila en apoyar a las fuerzas armadas, es decir, preparar el camino del golpe.
Los trabajadores quieren unirse en la acción y en los objetivos.
Quieren la huelga total contra Mondelli. Quieren terminar con el gobierno del delito terrorista.
¿Quién tiene que decidir: el FMI o el pueblo argentino? ¿Alguien votó el 11 de marzo o el 23 de setiembre por el FMI? Los trabajadores deben decidir.
Que las coordinadoras interfabriles se pronuncien;
Que los plenarios de delegados con mandato de asamblea se pronuncien;
Que los centros de estudiantes y cuerpos de delegados se pronuncien;
● por la huelga general activa;
● por terminar con el gobierno antiobrero; por inmediatas elecciones sin proscripción.
Sobre las ruinas de este gobierno, construiremos la alternativa obrera y antiimperialista, el partido obrero independiente, para dirigir la lucha por un gobierno obrero y campesino.